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miércoles, 30 de marzo de 2011

Vamos a invadir siete países en cinco años


En una entrevista con Amy Goodman el 2 de marzo de 2007, el general estadounidense retirado Wesley Clark, explica que la administración Bush planeó invadir siete países en cinco años: Iraq, Siria, Libano, Lybia, Somalia, Sudán e Irán. Repito, la entrevista es de marzo de 2007, aunque se supone que la conversación que se cuenta tuvo lugar poco después del 11-S.

Lo dice a partir del 1:15




And he said, “This is a memo that describes how we’re going to take out seven countries in five years, starting with Iraq, and then Syria, Lebanon, Libya, Somalia, Sudan and, finishing off, Iran.” I said, “Is it classified?” He said, “Yes, sir.” I said, “Well, don’t show it to me.” And I saw him a year or so ago, and I said, “You remember that?” He said, “Sir, I didn’t show you that memo! I didn’t show it to you!”

La transcripción de la entrevista completa (en inglés)

El extracto de la entrevista en español


sábado, 11 de septiembre de 2010

A nueve años del 11 de septiembre


Thierry Meyssan
9/9/2010

El tiempo pasa. Nueve años después de los atentados que enlutaron al pueblo estadounidense, la lucidez y la tenacidad de Thierry Meyssan están dando sus frutos. Una amplia mayoría de personas de todo el mundo no creen ya en la versión oficial del gobierno estadounidense. Ese fenómeno ha cobrado fuerza en los propios Estados Unidos, donde el más reciente sondeo revela que el 74% de los estadounidenses dudan actualmente de la versión oficial. Los propios responsables de la comisión investigadora presidencial admiten ahora que no están convencidos en cuanto al informe que ellos mismos firmaron. El tenaz iniciador de este debate estima que, en vez de proseguir la polémica sobre la tan cuestionada credibilidad de la versión oficial, ha llegado el momento de recurrir a la ONU y de emprender acciones concretas contra los verdaderos culpables.


Ya estamos conmemorando el 9º aniversario de los atentados del 11 de septiembre, que sirvieron de pretexto para desencadenar una guerra cuyos promotores aspiraban a un conflicto armado de carácter perenne. Después de haber matado cerca de 3 000 personas en Estados Unidos, los organizadores de los atentados causaron la muerte de más de un millón de personas más en Afganistán y en Irak. El plan que habían trazado incluía la continuación de la matanza mediante la destrucción de Siria e Irán. Pero no han logrado –por el momento– concretar esa fase de su proyecto.

En ocasión de este triste aniversario, los mismos que atribuyeron a los islamistas la responsabilidad de su propio crimen antes de devastar el Medio Oriente musulmán, ahora tratan de imponer un nuevo montaje. Un falso debate sobre la construcción de un centro musulmán en Manhattan estremece Estados Unidos, mientras que otro falso debate acompaña la anunciada quema de ejemplares del Corán.

En el contexto de esas provocaciones, las autoridades estadounidenses no dejarán pasar la ocasión de tratar de hacernos creer que intervinieron para garantizar la libertad de culto en su propio país, con la esperanza de hacernos olvidar así que los masivos crímenes que ellas mismas cometieron en el Medio Oriente fueron perpetrados en un clima de verdadera cruzada en contra del Islam.

Pretenden impedir así que tomemos conciencia de su fracaso en convencernos. Hace 9 años, yo me encontraba solo cuando refutaba las mentiras sobre el 11 de septiembre, cuando denunciaba que se estaba produciendo un golpe de Estado orquestado por el complejo militaro-industrial, cuando alertaba sobre los proyectos belicistas del nuevo Imperio. A pesar de los insultos, a pesar de las amenazas y los ataques, he recorrido el mundo abriendo los ojos de la opinión pública internacional y desmontando la ideología de la guerra de civilizaciones.

No he podido desarrollar ese trabajo en Estados Unidos, donde fui declarado persona non grata. A pesar de ello, después de asimilar el golpe y aceptar el duelo, valientes estadounidenses han enarbolado la bandera de la verdad en su propio país. Los sondeos demuestran que cada año se suma un 10% más de los estadounidenses a la masa de gente que cuestiona la versión oficial redactada por la Comisión Kean-Hamilton. Más del 70% de los estadounidenses, incluyendo a los propios señores Kean y Hamilton –los encargados de imponer definitivamente la versión gubernamental–, hoy la ponen en duda. A ese ritmo, dentro de 3 años toda la población estadounidense en su conjunto rechazará la versión oficial.

Hoy somos mayoría los que a través del mundo exigimos que se haga la luz sobre esos crímenes. Estados Unidos y el Reino Unido utilizaron el 11 de septiembre para justificar ante la ONU la invasión que desencadenaron contra Afganistán e Irak. No se trata, por lo tanto, de una cuestión de carácter estrictamente nacional sino de un asunto de envergadura internacional. Ha llegado el momento de que la Asamblea General de las Naciones Unidas instaure una comisión investigadora, reúna los elementos que ya son de público conocimiento y adopte acciones concretas de acusación contra los verdaderos sospechosos.

Si nuestros seres queridos encontraron la muerte entre las ruinas del World Trade Center o entre los escombros de las casas bombardeadas en Kabul y Bagdad, si nuestros hijos cayeron bajo el fuego de las fuerzas ocupantes o si murieron tratando de ocupar el Medio Oriente, la realidad es la misma para todos.

Todos somos víctimas del mismo sistema. Tenemos que luchar todos juntos para que se sepa toda la verdad y para que los culpables sean castigados, porque no lograremos la paz sin alcanzar la justicia.

(Extraído de www.voltairenet.org)

jueves, 12 de agosto de 2010

Repugnante manipulación


Koldo Campos Sagaseta
Rebelión
9/8/2010

El caso de la joven afgana Aisha, a la que su marido cortó la nariz y las orejas por huir de su casa, no es sólo un caso más de violencia machista, es también una repugnante manipulación de esa violencia porque lo que algunos medios de comunicación están haciendo es utilizarla para justificar el genocidio que las tropas estadounidenses y europeas vienen haciendo desde que consumaron la invasión de ese país. “Lo que pasa si nos retiramos de Afganistán” titulaba en su portada la revista “Time” sobre la desfigurada imagen de la joven afgana.

Tampoco es la primera vez que se apela a la violencia machista como pretexto que ampare todas las violencias que, curiosamente, en nombre de la civilización y la democracia, viene Occidente perpetrando en los países que ocupa y arruina.

La repercusión que, por ejemplo, ha tenido en estos días la condena a morir lapidada de una mujer iraní, siendo como es un sangrante caso, es una más de las repulsivas vejaciones y crímenes de las que son objeto las mujeres en muchas “irreprochables” democracias de Oriente Medio, regidas por sanguinarias monarquías que, sin embargo, merecen todo el apoyo y respaldo de monarcas y estados europeos y americanos, y ninguna atención de los grandes medios de comunicación.

Los miles de soldados estadounidenses y europeos desplegados en Afganistán no llegaron para proteger a las mujeres afganas de la violencia de una cultura machista que no es desgracia exclusiva de esa nación y de esa cultura. Tampoco fueron a impartir talleres educativos en relación a la violencia machista o a implementar sistemas de formación escolar que hagan posible superar esas violentas conductas. Si así fuera no tendrían que haber ido tan lejos. Si lo que pretendían era prevenir o castigar la violencia machista podrían haber invadido sus propios países, haber intervenido, por ejemplo, el Estado español o cualquiera de las democracias europeas o los Estados Unidos, donde los crímenes machistas siguen estando a la hora del día. Si enfrentar la violencia machista fuera realmente una válida razón para no salir de Afganistán y en consecuencia la razón de haber llegado, no eran soldados los más indicados para tal cometido. Debieran haber enviado contingentes de educadores, de asistentes sociales, de maestras y pensadores, de psicólogos, de personas cualificadas y capaces de ayudar a la sociedad afgana a reconducir la visión y el papel de la mujer por espacios de justicia, equidad y respeto.

Si enfrentar la violencia machista fuera, en verdad, la razón que justifica invadir y ocupar Afganistán, no eran bombas, ni tanques, ni armas, los instrumentos capaces de contribuir con esa cultura a superar esa sexista violencia, sino libros, material didáctico, recursos económicos...


Los cientos de miles de uniformados que invadieron Afganistán o Iraq, llegaron a ocupar esos países para hacerse con sus bienes, garantizarse espacios de influencia, permitir el trasiego de sus recursos, instalar sus bases… A eso fue que llegaron y por eso es que están allí. Y para hacerlo posible no han tenido empacho en aniquilar cientos de miles de vidas humanas de la manera más artera y cruel. Soldados que, sea enviados por sus gobiernos o en representación de las Naciones Unidas, también se han destacado en el ejercicio de las más asquerosas lacras humanas que puedan imaginarse. Entre ellas, violaciones y torturas de mujeres, de niñas, en cualquiera de los países que con distintos pretextos ocupan.

La ginecóloga suiza Mónica Hauser dedicada a prestar asistencia a mujeres que han sufrido la violencia de la guerra, la violencia de ver destruidos sus hogares, la violencia de ver asesinados sus hijos, la violencia de la miseria y de ser ultrajadas, declaraba en referencia a la República Democrática del Congo, que los cascos azules de la ONU y el personal masculino humanitario no sólo no contribuían a la paz y el orden sino que eran parte del problema, y que las familias ya no mandaban a sus hijas a la escuela sino a la puerta de los cuarteles. Son incontables los casos de violaciones, de asesinatos, que han tenido como protagonistas, además de las niñas y las mujeres que la padecen, a tropas de paz en Haití, a soldados de la OTAN en los Balcanes, a los cascos azules en Africa y a soldados europeos y estadounidenses donde quiera que llegan.

Entre los miles de crímenes y violaciones que la revista “Time” no recuerda, uno de los casos más infames fue el de la niña iraquí Abeer Qasim Hamza, de 14 años, vecina de Mahmudiya, al sur de Bagdad, cuya modesta casa se levantaba a escasos metros de un puesto de control estadounidense.

Varios soldados de la 101 División Aerotransportada, con base en Fort Campbell (Kentucky) entraron en la casa, asesinaron a sus padres y se fueron turnando en la violación de la niña, a la que, finalmente, destrozaron la cabeza y le quemaron el torso y las piernas.

Luego de que el ejército estadounidense culpara a la insurgencia, el caso llegó a saberse cuando, en venganza, suníes islamistas mataron a tres miembros del cuerpo militar y otro soldado, arrepentido, relató lo sucedido. Cuatro uniformados fueron detenidos y trasladados a Estados Unidos para ser juzgados y condenados: Steve Green, quien mató a los padres y a la niña; James Barker, que se declaró culpable de violación y asesinato; el sargento Paul Cortez, que también asumió su culpa; y el soldado Jesse V. Spielman que declaró que él sólo se limitó a acompañar a sus compañeros y a tocar un pecho de la niña cuando ya estaba muerta. Al margen de las condenas impuestas, todos podrían salir en libertad antes de 10 años.

Según trascendió en el juicio los temas de conversación más habituales de los soldados eran “matar iraquíes y follar”. Otro de los imputados, Bryan Howard, declaró que cuando los soldados regresaron a la base les escuchó decir: “Fue asombroso”, mientras uno de ellos saltaba en la cama. Paul Cortez admitió en el juicio que odiaba a los iraquíes y también a las mujeres. Steve Green, que pudo alistarse en el ejército cuando se le retiraron los cargos en su contra por abuso de alcohol y otras drogas, procedimiento al que se acogieron más de 34 mil reclutas sólo en el 2006, confesó en el juicio que fue a Iraq “porque quería matar gente”.


“Maté a un tío que no quiso parar en el puesto de control y fue como si nada… Matar gente aquí es como pisar una hormiga. Quiero decir, matas a alguien y es como decir ok, vamos a comprar pizza ”.

¿Es esta basura humana la que va a lograr que en Afganistán cambie la visión que se tiene de la mujer? ¿Es ese fusil el arma que condensa la terapia que hará posible el cambio? ¿No sería también ésta fotografía una buena portada para el Time?

(Extraído de www.rebelion.org)

jueves, 17 de junio de 2010

EEUU fusilará mañana a un preso por primera vez en 14 años


El condenado, Ronnie Lee Gardner, tendrá una diana en el corazón y le dispararán cinco tiradores, uno con balas de salva

EFE Washington
17/6/2010

Estados Unidos ejecutará mañana a Ronnie Lee Gardner mediante los disparos de un pelotón de fusilamiento en Utah, un método que eligió el preso y que no se ha utilizado desde 1996 en este país, según el periódico The Salt Lake Tribune.

Este tipo de ejecución fue eliminada de la ley de este estado del noroeste del país en 2004, pero Gardner fue sentenciado por matar al abogado Michael Burdell muchos años antes, en 1985, cuando intentó escapar durante una audiencia judicial en la que era acusado de robo y homicidio.

La oficina del Fiscal General del estado dijo que se puede argumentar que Gardner no tiene el derecho a sustituir la inyección letal por los disparos de brigadas, pero que decidió no disputar su decisión. Su fusilamiento será el tercero en la historia de Estados Unidos desde que el Tribunal Supremo volvió a instaurar la pena capital en 1976.

Los dos anteriores fueron también en Utah, el único estado que mantuvo como legal esta elección entre inyección letal y disparos hasta 2004, cuando eliminó la ley por las críticas y por las expectaciones y publicidad que genera este tipo de ejecución.

Gardner eligió este método porque cree que es más humano, según dijo su abogado Andrew Parnes, pero el último ejecutado por disparos, John Albert Taylor, decidió morir de esta forma para avergonzar a las autoridades.

El preso será sentado y atado mañana a mediodía en una silla con una capucha y con una marca en el corazón, a modo de diana, para señalar dónde deben apuntar las cinco personas anónimas, certificadas como "agentes pacifistas", que apretarán el gatillo.

Momentos antes de su ejecución, el preso podrá pronunciar sus últimas palabras ante varios testigos, entre quienes habrá familiares de sus víctimas, dirigentes oficiales y periodistas.

El Gobierno ha permitido dos protestas de grupos opositores a la pena de muerte, en el Congreso del estado y cerca de la prisión, y habrá rezos por su muerte en la catedral de la capital del estado, Salt Lake City.

Otros cuatro presos de los diez que están sentenciados a pena de muerte en este estado, Ron Lafferty, Ralph Leroy Menzies, Troy Michael Kell y Taberon Dave Honie, han elegido también el fusilamiento para su ejecución.

(Extraído de www.publico.es)

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Los estadounidenses, prisioneros de sus propias mentiras


11 de septiembre: ¿Creen que George Bush les haya dicho la verdad?

por Thierry Meyssan
21/9/2009

Artículo de imprescindible lectura a modo de resumen sobre la realidad de los atentados del 11 de septiembre

Ocho años después de los atentados del 11 de septiembre, Thierry Meyssan –el periodista que dio inicio a las interrogantes que recorren el mundo sobre la veracidad de la versión de los hechos de la administración Bush– pasa en revista el debate sobre el tema en un artículo destinado a la revista rusa Odnako.
El disidente francés denuncia la hermética «cortina de hierro» que separa del resto del mundo a los pueblos de los países miembros de la OTAN. Sometidos a un verdadero bombardeo mediático, estos últimos ignoran por completo el contenido del debate que se desarrolla en Occidente y siguen creyendo que las dudas sobre el 11 de septiembre se limitan únicamente a unos pocos grupos de activistas.
Thierry Meyssan se interroga además sobre la ingenuidad de los occidentales que siguen creyendo en una historieta infantil, digna de un “comic” estadounidense, en la que una veintena de fanáticos logran golpear el corazón del mayor imperio militar del mundo.

¿Crónica roja o hecho histórico?

El 7 de octubre de 2001, los embajadores de los Estados Unidos y del Reino Unido anuncian por correo al Consejo de Seguridad de la ONU que sus tropas han penetrado en Afganistán en virtud de su legítimo derecho a defenderse después de los atentados que habían enlutado Estados Unidos el mes anterior. El embajador estadounidense John Negroponte precisa en su carta: «Mi gobierno ha obtenido información clara e indiscutible de que la organización Al-Qaeda, que cuenta con el apoyo del régimen talibán en Afganistán, ha desempeñado un papel protagónico en los ataques».

El 29 de junio de 2002, el presidente Bush revela, durante su «discurso anual sobre el estado de la Unión», que Irak, Irán y Corea del Norte –«el Eje del Mal»– apoyan en secreto a los terroristas ya que han establecido un pacto secreto para destruir los Estados Unidos. Esos tres «Estados renegados» están siendo más prudentes desde que Washington aplastó a los talibanes, pero no han renunciado a sus intenciones.

Las acusaciones se precisan el 11 de febrero de 2003. Ese día, el secretario de Estado estadounidense Colin Powell expone personalmente, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el apoyo que aporta Irak a los responsables de los atentados. Después de mostrar un pequeño frasco que supuestamente contiene un concentrado de ántrax en polvo capaz de acabar con todo un continente, Powell muestra una foto satelital de la base que Al-Qaeda ha instalado en el norte de Irak, y que incluye una fábrica de venenos. Después, basándose en un organigrama, explica detalladamente el dispositivo de los terroristas en Bagdad, bajo el mando de Abu Al-Zarkaui. Basándose en esas informaciones «claras e indiscutibles», las tropas de los Estados Unidos y del Reino Unido, con la asistencia de las de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, penetran en Irak, también en virtud de su legítimo derecho a la defensa después de los atentados del 11 de septiembre.

Texto completo aquí

Imagen extraída de www.911artists.com

jueves, 18 de septiembre de 2008

Estafa británica en el Índico


Alberto Piris
Estrella Digital
agosto 2004

No es fácil encontrar en un atlas la isla de Diego García, un atolón coralino de unos 40 km cuadrados situado en pleno océano Índico. Y eso, a pesar de las toneladas de bombas que desde ella han salido para arrasar algunos países asiáticos y haber sido testigo de una de las mayores ignominias de la historia reciente: la expulsión de los pobladores autóctonos por una potencia colonial, para despejar el campo a una base militar estadounidense. Repasemos este vergonzoso episodio.

Los únicos folletos turísticos sobre esta paradisíaca isla del archipiélago de las Chagos son los editados por las Fuerzas Armadas de EEUU para el personal de la base desde la que partieron los temidos bombarderos B-1 y B-52 para atacar Irak o Afganistán (también sirve de prisión secreta para algunos supuestos miembros de Al Qaeda, pero esto no es del dominio público).

Más de un millar y medio de militares constituyen la guarnición de la base; hay además un número parecido de personal civil contratado, procedente de Filipinas y del vecino archipiélago de Mauricio. El folleto habla de "increíbles posibilidades recreativas y una exquisita belleza natural", además de una "inigualable calidad de vida". Se anuncia la existencia de un club de surfistas, un club náutico, algunas de las playas menos contaminadas del mundo y amplias posibilidades de pesca deportiva y actividades subacuáticas. En fin, una isla como las que muchos sueñan cuando llegan las vacaciones de verano.

Bajo esa atractiva fachada se oculta una historia muy sucia. En 1965, la isla de Diego García pasó a integrarse en el llamado Territorio Británico del Océano Índico, tras ser segregada de Mauricio, que tres años después se convirtió en república independiente. Vivían en aquélla más de 1.500 personas, dedicadas a la pesca y a la explotación del aceite de coco (pertenece a las llamadas "islas del aceite"), su principal recurso durante casi dos siglos. Pero la Guerra Fría imponía su dura ley y EEUU pidió en 1966 al Reino Unido autorización para utilizarla militarmente. Todo empezó con una estación de comunicaciones y ahora hay allí una amplia base aeronaval que controla el Oriente Próximo y el sur de Asia. Se firmó un tratado por 50 años (que vencerá en el 2016) y Washington exigió a Londres que se deshiciera de los molestos habitantes que con sus reclamaciones podrían perturbar el pacífico bienestar de los usuarios de la base.

Y aquí entran en acción las conocidas malas artes de la vetusta potencia colonial británica. Entre 1967 y 1973 los "ilois" (como se denominan los "diegogarcianos") fueron sistemáticamente expulsados de sus hogares. El arrendador británico recurrió a todo tipo de subterfugios para deshacerse de los verdaderos pobladores de la isla, en la más pura tradición colonialista de la que los archivos londinenses conservan todavía estremecedores testimonios. Así pues, ocurría que cuando los nativos se desplazaban a la antigua metrópoli de Mauricio (una distancia parecida a la que separa Madrid de Canarias), para hacer compras o recibir atención sanitaria, se encontraban cerrado el camino de vuelta. Sencillamente, se les impedía regresar a su país.

De ese modo se logró que todos ellos acabaran residiendo a la fuerza como emigrantes en Mauricio, donde a pesar de la indemnización que recibieron constituyen hoy -cuando ya son más de 5.000- el sector más empobrecido de esta país. Un diplomático británico les había calificado de "tarzanes", mostrando así la poca importancia que tenían para la Corona. Se añadieron, pues, los diegogarcianos a la larga lista de pueblos expulsados de sus territorios en el nefasto siglo XX, como saharauis o palestinos. Cuando se recuerda con indignación cómo Stalin arrojó de su tierra a los chechenos -lo que está en la raíz de su actual conflicto con Rusia-, viene bien airear infamias similares cometidas por los dignos y democráticos gobiernos de nuestra ejemplar civilización occidental, aunque, como en este caso, sólo afecten a pocas personas.

Pero donde realmente se muestran al descubierto los colmillos asesinos del viejo colonialismo es en el proceso legal abierto por los expulsados para regresar a su tierra. A finales de 2000, en un pleito incoado por los perjudicados, el Tribunal Supremo londinense dictaminó que habían sido "vergonzosamente tratados" y tenían derecho a regresar a la isla, pero reconoció el carácter militar de ésta, que impide el asentamiento de población civil en ella. ¡Fascinante dilema! Aquí es donde se advierten los reflejos colonialistas del Foreign Office. Decidió efectuar un estudio sobre la viabilidad del regreso y las conclusiones fueron negativas, como era de esperar. Pero lo que deja estupefacto al lector son las razones aducidas. Contradiciendo la bucólica imagen turística de los militares estadounidenses, Londres aseguró que el inminente cambio climático augura terribles inundaciones en la zona, con lo que la calidad de vida de los retornados llegaría a ser inaceptable. (No se piensa lo mismo en EEUU, donde ya se habla de renovar la cesión de la base.) También se insistía en la falta de medios de vida de la población repatriada, ignorando la calidad turística de la isla y su riqueza piscícola, bien conocida por los pesqueros europeos que por allí faenan.

Al final, el Gobierno de Londres hubo de recurrir a un arcaico recurso (llamado "orden del Consejo Privado") anclado en la vieja monarquía autoritaria, para anular el auto judicial y dictaminar que "nadie tiene derecho de residencia en ese territorio". Un abogado de los isleños ha declarado: "Desde tiempos del rey Juan nadie había intentado expulsar del Reino a ciudadanos británicos mediante un real decreto".

Frente a la nostalgia de los desterrados, todo hace sospechar que la orwelliana y paranoica guerra eterna contra el terrorismo impedirá a EEUU abandonar la base índica y acceder al retorno de la población expulsada, que podría empezar a exigir indemnizaciones, subsidios y mejoras sociales, y a deteriorar el apacible ambiente tropical en el que viven los centuriones aeronavales del Imperio, consagrados a su sublime misión antiterrorista.


Documental El robo de una nación