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miércoles, 28 de julio de 2010

Irak/reconstrucción: ¿y el dinero?


Redacción
BBC Mundo

Un organismo auditor en Estados Unidos criticó al ejército de ese país por no dar cuenta de miles de millones de dólares destinados a la reconstrucción de Irak.

El Inspector General Especial para la Reconstrucción iraquí afirmó que el Departamento de Defensa de EE.UU. no puede justificar adecuadamente el gasto del 96% del dinero.

La auditoría publicada este martes indica que, de aproximadamente US$9.000 millones, US$8.700 no se encuentran.

El dinero provenía en gran parte de las utilidades de la venta de petróleo y gas iraquí, así como de los bienes congelados del ex líder iraquí Saddam Hussein, informa el corresponsal de al BBC en Bagdad, Gabriel Gatehouse.

¿Recibos extraviados?

Los fondos fueron adminstrados por el Departamento de Defensa entre 2004 y 2007, y estaban destinados a proyectos de reconstrucción.

El informe señala, sin embargo, que la falta de adecuada contabilidad hace imposible determinar qué sucedió con la mayoría del dinero.

Esta no es la primera vez que surgen interrogantes sobre el extravío de miles de millones de dólares relacionados con la invasión de Irak liderada por Estados Unidos, comenta el corresponsal.

En una respuesta adjunta al informe, las autoridades militares de EE.UU. dicen que los fondos no están necesariamente extraviados.

Explican que los registros de gastos pueden estar archivados en otro lugar y que encontrarlos implicaría invertir "significativos esfuerzos de recuperación de archivos".

El gobierno iraquí se no ha pronunciado sobre el tema hasta el momento.

(Extraído de www.bbc.co.uk)


Artículo relacionado:

Investigan una posible estafa gigantesca en la reconstrucción de Irak



El Pentágono no encuentra 8.700 millones de dólares destinados a Irak

martes, 9 de febrero de 2010

11S: Comprueban fuerte proporción de pasajeros vinculados a la defensa US en el vuelo que supuestamente se estrelló contra el Pentágono

por Pino Cabras
8/2/2010

Muchas son las incoherencias vinculadas al vuelo 77 de American Airlines que supuestamente se estrelló contra el Pentágono a las 9h37 del 11 de septiembre de 2001. Por lo tanto, no vamos a repetirlas aquí. Otros artículos de este sitio las enumeran detalladamente. Sin embargo, nuevos elementos han aparecido últimamente como resultado de las investigaciones de periodistas independientes. Les presentamos aquí un fragmento del libro Strategie per una guerra mondiale, de Pino Cabras. Este periodista italiano destaca la extraña proporción de pasajeros vinculados al sector militar estadounidense que viajaban en el vuelo 77, oficialmente dados por muertos en el ataque del 11 de septiembre contra el Pentágono.


El artículo de la Red Voltaire sobre la puerta de la cabina de pilotaje del vuelo 77 –que nos revela inquietantes detalles poco o nada investigados de manera oficial, y que deberían ser objeto de profundo análisis en el marco de toda investigación, aunque sea de manera no oficial– llama nuestra atención hacia algunas de las anomalías de aquel terrible día. El comandante Burlingame no es el único en llamar nuestra atención. Entre las 58 personas que viajaban en el vuelo 77 había una gran proporción de pasajeros (entre 16 y 21) que trabajaban secretamente para el sector de la defensa.

La mayoría de esas personas eran ingenieros aeroespaciales. Uno de ellos, el señor Yamnicky, era desde hacía mucho agente operativo de la CIA y trabajaba como ingeniero aeroespacial para Veridian. Otro pasajero de esa lista, el señor Caswell, dirigía un equipo de un centenar de científicos de la Marina de Guerra estadounidense. Otros trabajaban para la Boeing y Raytheon en El Segundo (California) en el marco de un proyecto nombrado «Black Hawk».

Sobre estos interesantes pasajeros del vuelo 77 presentamos aquí algunas informaciones recogidas a través del estudio de las notas necrológicas publicadas en Internet o en los artículos de la prensa posteriores a los atentados.

1- John D. Yamnicky Sr., 71 años, de Waldorf, en Maryland, viajaba en el vuelo 77 de American Airlines por razones profesionales. Era un ex piloto militar retirado pero trabajó como proveedor de la defensa en Veridian Corp., con base en Virginia, donde –después de retirarse en 1979 con el grado de capitán– trabajaba con programas vinculados a los aviones de intercepción y los misiles aire-aire. Su hijo, John Yamnicky, declaró que su padre había trabajado en el desarrollo del interceptor F/A-18. Después de terminar sus estudios en la US Naval Academy, en 1952, John Yamnicky Sr., se hizo piloto de pruebas de la US Navy, a bordo de un bombardero A-4, y contó sus viajes y misiones con la Marina de Guerra estadounidense en Corea y Vietnam. “Se estrelló 5 veces, pero siempre salió ileso”, explicó Cindy Sharpley, amiga de la familia. “Menos esta vez” (AP, 2001).

Yamnicky obtuvo su diploma en la Navy Test Pilot School, situada en Patuxent River, en 1960. También se hizo Master en Relaciones Internacionales en la universidad George Washington, en 1966. El señor Yamnicky, que también trabajaba en aviones de pasajeros, se hizo capitán en 1971, durante su estancia en Patuxent River, y posteriormente se puso al servicio de la secretaría de Defensa.

2- William E. Caswell era un físico de 3ª generación cuyas funciones en el seno de la US Navy eran tan secretas que su familia prácticamente no sabía absolutamente nada de su quehacer cotidiano. Ni siquiera sabían con precisión por qué fue enviado a Los Angeles en aquel maldito vuelo de American Airlines el 11 de septiembre de 2001. Su madre, Jean Caswell, explica que William E. Caswell, viajaba frecuentemente a Los Angeles. «Nunca sabíamos qué hacía allá porque no podía decírnoslo. Uno aprende a no preguntar.».

En una publicación de la universidad de Princeton, el director de tesis de Caswell declaró que en los años 1980 supo que la US Navy estaba buscando un experto científico que pudiera servir de consejero sobre un proyecto secreto relacionado con una tecnología avanzada y presentó el nombre de Bill Caswell. «Yo no participaba en su trabajo diario pero todo indica que todavía era su proyecto de tesis. Partiendo de cero, subió rápidamente hasta un puesto de responsable científico a la cabeza de un equipo de más de 100 investigadores en uno de los sectores más exigentes de la US Navy.» Sus colegas apreciaban profundamente sus capacidades técnicas y administrativas, que le valieron las más altas recompensas y distinciones de la Marina de Guerra.
La ironía del destino quiso que se encontrara como pasajero, precisamente por causa de aquel proyecto, a bordo del vuelo 77 de American Airlines, en el que encontró la muerte.

Leer artículo completo aquí

miércoles, 9 de diciembre de 2009

11 septiembre: el vuelo AA77 no pudo haber sido secuestrado


3/12/2009
Washington DC

Según el informe de la Comisión presidencial Kean-Hamilton, el vuelo AA77 fue secuestrado el 11 de septiembre de 2001 por un grupo de personas que lo estrellaron contra el Pentágono.

El informe precisa que el secuestro del vuelo AA77 se produjo entre las 8h51 (hora de su último contacto por radio) y las 8h54 (hora en que el avión cambió de rumbo) y que, al apagarse el transpondedor del avión, se perdió todo rastro del vuelo a las 8h56. No fue hasta las 9h32 que la aviación civil observó un avión cerca de Washington y lo identificó, por deducción, como el vuelo AA77.

Según ese mismo informe, dos pasajeras de ese vuelo, Renée May y la periodista Barbara Olson, se comunicaron por teléfono con sus familiares y les dijeron que había 6 secuestradores a bordo del avión (no 5) y que estaban armados con cuchillas. Según el testimonio de Ted Olson, que a la sazón era fiscal general de los Estados Unidos, su esposa –Barbara Olson– le precisó por teléfono que los secuestradores habían obligado a los pasajeros y a los miembros de la tripulación del avión a agruparse al fondo del aparato y le preguntó qué instrucciones debía ella transmitir al capitán del avión, que se encontraba a su lado.

La investigación del FBI invalidó posteriormente los testimonios de los pasajeros ya que, durante el juicio contra Moussaoui, quedó demostrado que en aquel entonces era materialmente imposible comunicarse por teléfono con un avión en vuelo a la altitud a la que se encontraba el vuelo AA77, además de que no existía el menor rastro de aquellas llamadas en los registros de las compañías telefónicas.

Un nuevo elemento acaba de aparecer ahora. Documentos del National Transportation Safety Board (NTSB) que acaban de ser desclasificados a pedido de la asociación «Pilot for 9/11 Truth» señalan que en el vuelo AA77 se registró el parámetro «CI», correspondiente al «Flight Deck Door». Ese parámetro demuestra que la puerta de la cabina de pilotaje del vuelo AA77 permaneció cerrada, haciendo por lo tanto imposible que alguien penetrara en la cabina de pilotaje y sacara de ella al piloto.

O sea, el comandante Charles F. Burlingame y el copiloto David Charlebois eran las únicas personas que se encontraban en la cabina de pilotaje del vuelo AA77 cuando el avión cambió de rumbo.

El comandante Charles F. Burlingame había sido piloto de combate en la Marina de Guerra de los Estados Unidos y fue vocero del Pentágono durante la operación Tormenta del Desierto. También había dirigido un ejercicio que consistía en la realización de un simulacro de catástrofe provocada por… el choque de un avión de pasajeros contra el Pentágono. En virtud de una ley ad hoc, los supuestos restos mortales del comandante Burlingame fueron inhumados en el prestigioso cementerio militar de Arlignton, aunque se considera que murió como civil.

Su hermana, Debra Burlingame, es copresidenta de la asociación Keep America Safe, junto Liz Cheney (hija del ex vicepresidente de los Estados Unidos Dick Cheney).

(Extraído de www.voltairenet.org)

Pentagon aircraft hijack imposible (en inglés en Pilotsfor911truth.org). Y aquí traducido con Google Traductor.

lunes, 18 de mayo de 2009

El caso de la bomba termonuclear desaparecida


EE.UU. casi lanzó hace cincuenta años una bomba H sobre su propio territorio

Jeffrey St. Clair
CounterPunch
18/5/2009

Las cosas se pierden. Así es la vida. Incluso en el Pentágono. En octubre pasado, el inspector general del Pentágono informó que los contadores de las fuerzas armadas habían traspapelado un destructor, varios tanques y transportes blindados de personal, cientos de ametralladoras, balas, lanzagranadas y algunos misiles tierra-aire. En total, desertó armamento por un valor de casi 8.000 millones de dólares.

Esas anomalías son bastante malas. Pero lo que es verdaderamente escalofriante es que el Pentágono haya perdido la pista de la madre de todas las armas, la bomba de hidrógeno. El arma termonuclear, concebida para incinerar Moscú, ha estado por ahí en algún sitio frente a la costa de Savannah, Georgia durante los últimos 40 años. La Fuerza Aérea hizo más por ocultar el incidente que por ubicar la bomba y asegurarla.

En la noche del 5 de febrero de 1958 un bombardero B-47 Stratojet que llevaba una bomba de hidrógeno en un vuelo nocturno de entrenamiento frente a la costa de Georgia chocó con una caza F-86 a 11.000 metros de altura. La colisión destruyó al caza, dañó gravemente un ala del bombardeo y desencajó parcialmente uno de sus motores. Instruyeron al piloto del bombardero, mayor Howard Richardson, para que se deshiciera de la bomba H antes de intentar un aterrizaje. Richardson lanzó la bomba a las aguas poco profundas de Wassaw Slough, cerca de la desembocadura del río Savannah, a unos pocos kilómetros de la ciudad Tybee Island, donde pensaba que la bomba sería recuperada rápidamente.

El Pentágono registró el incidente en un memorando de máximo secreto al presidente de la Comisión de Energía Atómica [AEC]. El memorando ha sido parcialmente desclasificado: “Un avión B-47 con un arma nuclear [palabra eliminada] a bordo fue dañado en una colisión con un avión F-86 cerca de Sylvania, Georgia, el 5 de febrero de 1958. El avión B-47 intentó aterrizar tres veces sin éxito con la bomba. El arma fue entonces descargada visualmente sobre la desembocadura del río Savannah. No se observó una detonación.”

Equipos de búsqueda y rescate fueron enviados rápidamente al lugar. Warsaw Sound fue misteriosamente acordonada por soldados de la Fuerza Aérea. Durante seis semanas, la Fuerza Aérea buscó sin éxito la bomba. Buzos submarinos buscaron en la profundidad, los soldados pisotearon las salinas cercanas, y un dirigible sobrevoló el área tratando de encontrar un agujero o un cráter en la playa o el pantano. Luego, sólo un mes después, la búsqueda fue abruptamente detenida. La Fuerza Aérea envió sus fuerzas a Florence, South Carolina, donde otra bomba H había sido accidentalmente arrojada por un B-47. Los 90 kilos de TNT estallaron en el impacto, dispersando desechos radioactivos por el área. La explosión causó considerables daños a la propiedad y varios heridos en tierra. Por suerte, la bomba nuclear propiamente tal no detonó.

Los equipos de búsqueda nunca volvieron a Tybee Island, y el asunto de la bomba H desaparecida fue discretamente encubierto. El fin de la búsqueda fue señalado en un memorando parcialmente desclasificado del Pentágono a la AEC, en el cual la Fuerza Aérea solicitó cortésmente una nueva bomba H para reemplazar la que había perdido. “La búsqueda de esa arma fue discontinuada el 16 de abril de 1958 y se considera que el arma ha sido irremediablemente perdida. Se solicita que un arma [frase eliminada] sea puesta a disposición del Departamento de Defensa para reemplazarla.”


Era un problema de envergadura, por cierto, y el Pentágono lo sabía. Sólo en los primeros tres meses de 1958, la Fuerza Aérea tuvo tres accidentes de importancia que tuvieron que ver con bombas H. (Desde 1945, EE.UU. ha perdido 11 armas nucleares.) La bomba de Tybee Island siguió siendo una amenaza, como reconoció la AEC en un memorando confidencial del 10 de junio de 1958 al Congreso: “Existe la posibilidad de descubrimiento accidental del arma no recuperada mediante dragado o construcción en el área de probable impacto… Se ha solicitado al Departamento de Defensa que monitoree todas las operaciones de dragado y de construcción.”

Artículo completo, aquí

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sábado, 28 de febrero de 2009

Documentos oficiales de EE.UU.: Prisioneros fueron torturados hasta la muerte


Acusan al Pentágono de mantener prisiones secretas y cooperar con la CIA en programa de “detenciones fantasma”

Stephen C. Webster
CH/Raw Story
15-02-2009

La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) ha publicado pasajes previamente clasificados de un informe del gobierno sobre duras técnicas de interrogatorio utilizadas en Iraq, Afganistán y Guantánamo. Esos páginas sobre las que no se había informado anteriormente detallan el repetido uso de conducta “abusiva”, incluso hasta llegar a la muerte de prisioneros.

Los documentos, obtenidos por la ACLU gracias a una solicitud según la Ley de Libertad de la Información (FOIA), contienen un informe del vicealmirante Albert T. Church, a quien se recurrió para realizar un estudio exhaustivo de las operaciones de interrogatorio del Departamento de Defensa. Church califica específicamente los interrogatorios en la Base Aérea Bagram en Afganistán de “claramente abusivos, y evidentemente no ajustados a ninguna política o instrucción aprobada para interrogatorios.”

Las dos páginas originales del informe Church [en inglés] se pueden ver aquí.

La publicación de la ACLU apareció el mismo día en el que ocurrió una importante descarga de documentos según la FOIA por parte de otros tres importantes grupos de derechos humanos. Documentos que revelan que el Pentágono dirigió prisiones secretas en Bagram e Iraq, que cooperó con el programa de “detenciones fantasma” de la CIA y que el personal de Defensa retardó la liberación de un prisionero para evitar mala publicidad.

“En ambos casos, por ejemplo, [los prisioneros] fueron esposados a objetos fijados por sobre sus cabezas a fin de mantenerlos despiertos,” dice el documento. “Además, los interrogatorios en ambos incidentes involucraron el uso de violencia física, incluyendo patadas, golpizas, y el uso de “golpes de sumisión” que involucraron golpes en las piernas [de los prisioneros] con las rodillas [de los interrogadores]. En ambos casos, la lesión traumática contundente a sus piernas tuvo que ver con sus muertes. En un caso, un embolismo pulmonar se desarrolló como consecuencia de la lesión traumática contundente, y en el otro caso una enfermedad de arteria coronaria fue complicada por la lesión traumática contundente.”

En un comunicado de prensa, la ACLU resumió los documentos como un detalle de: “[Una] investigación de dos muertes en Bagram. Se determinó que ambos detenidos habían sido muertos por embolismo pulmonar causado como resultado de estar de pié encadenados, privados de sueño y de docenas de palizas por guardias y posiblemente interrogadores. (También revela el uso de tortura en Guantánamo y en prisiones estadounidenses-afganas en Kabul).

“[Una] investigación del homicidio u homicidio involuntario del detenido Dilar Dababa por fuerzas de EE.UU. en 2003 en Iraq.

“[Una] investigación iniciada después de afirmaciones de que un prisionero iraquí fue sometido a tortura y abuso en 'The Disco' (ubicado en el Complejo de la Fuerza de Operaciones Especiales, en el Aeropuerto de Mosul, Iraq). El abuso consistió en llenar su mono de hielo, luego remojarlo con la manguera y hacer que estuviera de pie durante prolongados períodos, a veces frente a un acondicionador de aire; obligarlo a acostarse y a beber agua hasta que se atragantaba, vomitaba o se ahogaba, golpear su cabeza contra una placa de acero caliente mientras estaba encapuchado y era interrogado; obligarlo a levantar repetidamente las piernas con bolsas de hielo sujetas a sus tobillos, y patearlo cuando ya no podía más.

[Una] investigación de afirmaciones de tortura y abuso que tuvieron lugar en 2003 en Abu Ghraib.

“[Y una] investigación que estableció una probable causa para creer que fuerzas de EE.UU. cometieron homicidio en 2003 cuando participaron en la atadura del detenido Abed Mowhoush en un saco de dormir durante un interrogatorio, causando su muerte por asfixia.”


“Una gran parte de la tortura, mutilación, y asesinato de detenidos ocurrió bajo órdenes dadas siguiendo reglas secretas de enfrentamiento en el Pentágono,” escribió Scott Horton, editor colaborador de Harper's magazine. “Gran parte de esto pasó bajo el Subsecretario de Defensa para Inteligencia, Stephen Cambone, un personaje que hasta ahora ha evadido la atención en el escándalo de la tortura y que ahora sirve como vicepresidente para estrategia de QinetiQ North America, subsidiaria del contratista de la defensa basado en el Reino Unido, QinetiQ. Incluso el análisis del Comité de Servicios Armados del Senado no logra llegar al fondo del doctor Cambone, sus Reglas de Enfrentamiento (ROE) para las unidades de operaciones especiales que controlaba, y la muerte, desfiguración y tortura de los prisioneros de los que se encargaron. Es una de las numerosas razones por las cuales se necesita urgentemente una investigación exhaustiva con órdenes de comparecer. Pero la difusión completa de las investigaciones internas ya realizadas por el Departamento de Defensa es un paso próximo esencial.”

El catálogo de documentos de la ACLU [en inglés] relacionados con la tortura bajo el gobierno de Bush se encuentra aquí.

(Extraído de www.rebelion.org)

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EE.UU. busca distraer al resto del mundo para no ser acusado ante la ONU

El embajador venezolano en las Naciones Unidas explica que el Departamento de Estado publica todos los años, en febrero, informes acusando a decenas de naciones de violar derechos humanos, ello porque en marzo inician las sesiones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Evita así ser denunciado.

Yvke Mundial
26/2/2009

Germán Mundaraín, embajador de la República Bolivariana de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra, Suiza, cree que Estados Unidos busca distraer al resto del mundo al publicar, en febrero de cada año, informes acusando a los demás países de violar derechos humanos. Recordó que en marzo se inician las sesiones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, cuando este país no saldría para nada bien parado, por lo que su estrategia es acusar a los demás países para que estén ocupados defendiéndose, y así evitar que se denuncien sus continuas y reiteradas violaciones a todo tipo de derechos.

"Hay que desenmascarar al gobierno de Estados Unidos en esta materia. Nadie le ha dado autorización para que juzgue y, sobre todo, condene a un número importante de gobiernos en el mundo. EE.UU. no tiene esa competencia de regir los destinos en derechos humanos y convertirse en pontífice de esa materia", dijo.

"No es un acto ingenuo, sino un acto de maledicencia y picardía. Se hace la última semana del mes de febrero con el ánimo de dañar la imagen de una serie de pueblos y gobiernos en el mundo, con el fin de que, una vez conseguido ese objetivo y como se inician en el mes de marzo las sesiones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, estos gobiernos y pueblos estigmatizados por EE.UU. estén más preocupados de defender sus gobiernos que de luchar por el tema de los derechos humanos".

"EE.UU. sabe que la próxima semana comienzan las sesiones del Consejo de Derechos Humanos". Recordó que esa nación se opuso a la constitución de este órgano, debido a sus constantes violaciones a derechos humanos, la cuales enumeró: "Estados Unidos se ha negado a suscribir la Convención de los Derechos del Niño. Sólo EE.UU. y Somalía se han negado a suscribir este instrumento, poque Estados Unidos tiene las cárceles llenas de jóvenes y muchachos, algunos de ellos condenados a penas de muerte".

Recordó que ese país tiene la tradición de someter a sus ciudadanos y a extranjeros a la tortura, tal y como lo ha hecho en Abu Ghraib y Guantánamo. mantiene las guerras en Iraq, Afganistán, y amenaza con declararle la guerra a Irán, Corea y tal vez a Cuba y Venezuela.

(Extraído de www.radiomundial.com.ve)

domingo, 28 de septiembre de 2008

Ejército de EE.UU. despliega unidad de combate dentro del país por posibles disturbios

Bill Van Auken

WSWS
25/9/2008

Por primera vez en la historia, los militares de EE.UU. están desplegando una unidad de combate del Ejército en servicio activo regular para uso a tiempo completo dentro del país a fin de encarar emergencias, incluidos potenciales disturbios civiles.

Desde el 1 de octubre, el Equipo de Combate de la Primera Brigada de la Tercera División será colocado bajo el comando del Ejército Norte de EE.UU., el componente del ejército del Comando Norte (NorthCom) del Pentágono, que fue creado después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 con la misión declarada de defender la “patria” y ayudar a autoridades federales, estatales y locales.

La unidad -conocida como “Raiders” [asaltantes]- es una de las de más “selectas” del Ejército. Ha pasado casi tres de los últimos cinco años en Iraq, dirigiendo el asalto contra Bagdad en 2003 y realizando combates casa por casa en la represión de la resistencia en la ciudad de Ramadi. Fue el primer equipo de combate de brigada enviado tres veces a Iraq.

Aunque se han utilizado previamente unidades en servicio activo en tareas temporales, como ser las tropas con equipo de combate desplegadas en Nueva Orleans, que fue colocada efectivamente bajo la ley marcial después del huracán Katrina, esto marca la primera vez en que una unidad de combate del Ejército recibe tareas específicas en las que suelo estadounidense constituye su “zona de combate”.

Los pronunciamientos oficiales del Pentágono subrayaron el papel de unidades especializadas en una reacción potencial a un ataque terrorista dentro de EE.UU. El general George Casey, jefe del Estado Mayor del Ejército, asistió la semana pasada a un ejercicio de entrenamiento de unos 250 miembros de la unidad en Fort Stewart, Georgia. El centro del ejercicio, según la oficina de asuntos públicos del Ejército, fue como los soldados “podrían volar misiones de búsqueda y rescate, extraer víctimas y descontaminar a gente después de un catastrófico ataque nuclear en la región vital de la nación”.

“Estamos en guerra contra una red extremista global que no desaparece,” dijo Casey a los soldados. “Espero que no tengamos que usarla, pero necesitamos la capacidad de hacerlo”.

Sin embargo, la misión asignada a los casi 4.000 soldados del Equipo de Combate de la Primera Brigada no es sólo rescatar a víctimas de ataques terroristas. Un artículo que apareció este mes en Army Times (“Brigade homeland tours start Oct. 1” [Recorridos de brigada por el interior comienzan el 1 de octubre]), una publicación que es ampliamente leída por los militares, pinta un cuadro diferente y mucho más siniestro.

“Se podrá recurrir a ellos para ayudar en casos de descontento social y control de multitudes”, informa el periódico. Cita al comandante de la unidad, coronel Robert Cloutier, diciendo que los soldados están siendo entrenados en el uso del “primer paquete no-letal que jamás haya presentado el Ejército”. Las armas, informa la publicación, están “destinadas a someter a individuos revoltosos o peligrosos sin matarlos”. El equipo incluye “beanbag bullets”[Cartuchos en los que tras la pólvora se inserta un taco separador y una cantidad de perdigones esféricos envueltos en un saquete de tela y con una falsa ojiva plástica que les proporciona protección aerodinámica], escudos, porras y equipos para erigir bloques de ruta.

Parece que como parte del entrenamiento para su despliegue dentro de EE.UU., se ha ordenado a los soldados que prueben parte de este equipo no-letal los unos sobre los otros.

“Fui el primero en la brigada al que le aplicaron el Taser [porra de electrochoque]”, dijo Cloutier al Army Times. Describió los efectos del arma como “el peor calambre muscular de tu vida multiplicado por 10 en todo tu cuerpo”.

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La observación del coronel sugiere que, en preparación para sus deberes en el “frente interior”, soldados rasos también son sometidos rutinariamente al Taser. El efecto y el propósito embrutecedor de un ejercicio de entrenamiento tan macabro es insensibilizar a los soldados contra la conmiseración por el dolor y el sufrimiento que se les puede pedir que inflijan a la población civil utilizando esas mismas armas “no-letales”.

Según funcionarios militares citados por el Army Times, el despliegue de tropas regulares del Ejército en EE.UU., iniciado con el Primer Equipo de Combate de Brigada, se hará permanente. Diferentes unidades serán rotadas en la tarea sobre una base anual.

En una entrevista en línea con periodistas durante este mes, se preguntó a oficiales sobre las implicaciones del nuevo despliegue para la Ley Posse Comitatus, el estatuto legal de 230 años de antigüedad que prohíbe el uso de fuerzas militares de EE.UU. para propósitos de mantenimiento del orden dentro del propio EE.UU.

El coronel Lou Volger, jefe de operaciones futuras de NorthCom, trató de minimizar cualquier rol de mantenimiento del orden, pero agregó: “Nos integraremos con el mantenimiento del orden para comprender la situación y asegurar que sepamos de cualesquiera amenazas.”

Volger reconoció lo obvio: que el Equipo de Combate de Brigada es una fuerza militar, mientras intentaba descartar la probabilidad de que tendría algún rol militar. “Incluye fuerzas para seguridad,” dijo “pero eso es realmente – lo llaman fuerzas de seguridad, pero eso es realmente sólo para establecer nuestra propia marca y asegurar que podamos operar y mantener nuestras propias bases.”

El teniente coronel James Shores, otro oficial de NorthCom, se sumó a la conversación: “Digamos que incluso si hubiera un escenario que se desarrollara hacia un cierto disturbio civil – incluso en ese momento se necesitaría una directiva presidencial para incluso llegar cerca de algo como lo que usted está sugiriendo.”

Sea lo que sea que se requiera para provocar una tal intervención, es obvio que el coronel Cloutier y sus soldados se están preparando para ello con su entrenamiento práctico en el uso de medios “no-letales” de represión.

A pesar de la extrema susceptibilidad de los mandamases militares respecto al tema, la realidad es que la intervención de militares en asuntos interiores ha aumentado fuertemente durante el período reciente bajo condiciones en las que su participación en dos guerras de estilo colonial en el exterior les ha dado un papel mucho más destacado en la vida política estadounidense.

El gobierno de Bush ha trabajado para derribar todas las barreras para el uso de los militares en la represión interior. Por consiguiente, incluyó en la ley de gastos del Pentágono para 2007 una medida para enmendar la Ley Posse Comitatus a fin de allanar el camino para el despliegue en el interior de los militares en casos de desastres naturales, ataque terrorista u “otras condiciones en las que el presidente determine que ha ocurrido violencia interior hasta tal punto que funcionarios estatales no puedan mantener el orden público.”

La cláusula otorga al presidente amplios nuevos poderes para imponer la ley marcial declarando una “emergencia pública” prácticamente por cualquier motivo, permitiéndole desplegar tropas en cualquier sitio de EE.UU. y tomar el control de unidades de la Guardia Nacional basadas en los Estados sin el consentimiento de los gobernadores estatales a fin de “reprimir el desorden público.”

La estipulación fue posteriormente revocada por el Congreso como parte de la legislación de gastos militares para 2008, pero la intención sigue existiendo. Considerando los amplios poderes reivindicados por la Casa Blanca en nombre del “comandante en jefe” en una guerra global contra el terror – poderes para suspender el habeas corpus, realizar un espionaje interior generalizado y torturas – no hay motivos para creer que respetaría restricciones legales contra el uso de la fuerza militar en el interior.

Es notable que el despliegue de tropas de combate de EE.UU. “como una fuerza federal disponible para emergencias y desastres naturales o causados por humanos” – en la formulación de Army Times – coincida con el estallido de la mayor emergencia económica y desastre financiero desde la Gran Depresión de los años treinta.

Justificado como una reacción ante amenazas terroristas, la verdadera fuente de los crecientes preparativos para el uso de fuerza militar estadounidense dentro de las fronteras de EE.UU. no proviene de los eventos del 11 de septiembre de 2001 o del peligro de que se repitan. Más bien, la movilización interior de las fuerzas armadas es una reacción del establishment gobernante de EE.UU. a la creciente amenaza para la estabilidad política.

Bajo condiciones de una profundización de la crisis económica, el abismo social sin precedentes que separa a la gente trabajadora del país de la elite poseedora de una riqueza obscena se hace insostenible dentro del marco político existente.

(Extraído de www.rebelion.org)

jueves, 11 de septiembre de 2008

115 mentiras sobre los atentados del 11 septiembre


David Ray Griffin
Red Voltaire
4-11-2006

Sigue sin haber una versión oficial sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. No se ha abierto investigación judicial alguna sobre los propios atentados ni la menor investigación parlamentaria. No hay más que una versión gubernamental recogida en un informe presentado por una comisión presidencial. El profesor David Ray Griffin, autor de una obra de referencia en la que estudia ese informe, encontró en ese texto 115 mentiras aquí enumeradas

Para cada mentira nos referiremos a los análisis que hace el profesor David Ray Griffin en su obra Omisiones y manipulaciones de la Comisión Investigadora. Las cifras que aparecen entre paréntesis se refieren a las páginas de la edición original estadounidense de ese libro.

1. Omisión de la prueba de que por lo menos 6 de los supuestos secuestradores aéreos (entre ellos Waled al-Shehri, acusado por la Comisión de haber apuñaleado a una azafata del vuelo UA11 antes del choque del avión contra la torre norte del World Trade Center) están vivos actualmente (19-20).

2. Omisión de pruebas sobre Mohamed Atta (como su pronunciada inclinación por la bebida, por la carne de puerco y las exhibiciones eróticas privadas o lap dances) que contradicen las afirmaciones de la Comisión de que Atta se había convertido en un fanático religioso (20-21).

3. Confusión voluntariamente creada alrededor de las pruebas que demuestran que Hani Hanjur era tan mal piloto que nunca hubiera sido capaz de lograr estrellar un avión de pasajeros contra el Pentágono (21-22).

4. Omisión del hecho que las listas de pasajeros (flight manifests) que se hicieron públicas no contenían ningún nombre árabe (23).

5. Omisión del hecho que nunca, ni antes ni después del 11 de septiembre, se ha visto que un incendio haya provocado el desplome total de un edificio con estructura de acero (25).

6. Omisión del hecho que los incendios de las Torres Gemelas no fueron ni extremadamente extensos ni especialmente intensos y que ni siquiera duraron mucho tiempo comparados con otros incendios ocurridos en rascacielos (con estructuras) similares sin que estos últimos se desplomaran (25-26).

7. Omisión del hecho que, dada la hipótesis que el incendio provocó los derrumbes, la torre sur, que fue golpeada después que la torre norte y afectada por un incendio de menor intensidad, no debería haber sido la primera en desplomarse (26).

8. Omisión del hecho que el edificio n°7 del World Trade Center (contra el cual no se estrelló ningún avión y que sólo sufrió pequeños incendios muy localizados) también se desplomó, hecho sobre el cual la Agencia Federal para el Manejo de Situaciones de Emergencia (FEMA) confesó que no podía ofrecer ninguna explicación (26).

9. Omisión del hecho que el derrumbe de las Torres Gemelas (y el del edificio n°7) presenta al menos 10 características de haber sido producto de una demolición controlada (26-27).

10. Afirmación según la cual el núcleo de la estructura de cada una de las Torres Gemelas era «un pozo de acero vacío», afirmación que niega la presencia de 47 columnas de acero macizo que eran en realidad el centro de cada torre. Según la teoría del «apilamiento de pisos» (the «pancake theory») que explica los derrumbes, varias decenas de metros de esas columnas de acero macizo debieran haber quedado en pie (27-28).

11. Omisión de la declaración de Larry Silverstein [el propietario del WTC], declaración según la cual el propio Silverstein en coordinación con los bomberos decidió «demoler» –en lenguaje técnico (to «pull»)– el edificio n°7 (28).

12. Omisión del hecho que el acero de los edificios del WTC fue rápidamente recogido del lugar de los hechos y enviado al extranjero por vía marítima ANTES de que pudiera ser analizado en busca de huellas de explosivos (30).

13. Omisión del hecho que el edificio n°7 había sido evacuado antes de su derrumbe, lo implica que la razón que se dio oficialmente para acelerar lo más posible la recogida del acero [en aquel lugar] (porque podía haber sobrevivientes bajo los escombros) no tenía ningún sentido en el caso de este edificio (30).

14. Omisión de la declaración del alcalde R. Giuliani quien dijo que se le advirtió de antemano que el WTC iba a derrumbarse (30-31).

15. Omisión del hecho que Marvin Bush, hermano del presidente estadounidense, y su primo Wirt Walker III eran los directores de la compañía encargada de garantizar la seguridad del WTC (31-32).

16. Omisión del hecho que el ala oeste del Pentágono, [la misma que fue impactada el 11 de septiembre], era precisamente, por diversas razones, la que menos posibilidades tenía de ser blanco de los terroristas de al-Qaeda (33-34).

17. Omisión de toda discusión tendiente a determinar si los daños que sufrió el Pentágono correspondían realmente con los daños que podría haber provocado el impacto de un Boeing 757 desplazándose a varios cientos de kilómetros por hora (34).

18. Omisión del hecho que existen fotos que demuestran que la fachada del ala oeste no se derrumbó hasta 30 minutos después del impacto y que el orificio de entrada es demasiado pequeño para el diámetro de un Boeing 757 (34).

19. Omisión de todo testimonio contradictorio sobre la presencia o la ausencia de pedazos visibles de un Boeing 757, ya sea dentro o fuera del Pentágono (34-36).

20. Ausencia total de discusión tendiente a determinar si el Pentágono disponía de un sistema de defensa antimisiles capaz de derribar un avión de pasajeros, aún cuando la Comisión sugirió que los terroristas de al-Qaeda decidieron no atacar una central nuclear precisamente porque pensaron que esta dispondría de ese tipo de defensa (36).

21. Omisión del hecho que las imágenes provenientes de diferentes cámaras (incluyendo las de la gasolinera que se encuentra frente al Pentágono, confiscadas por el FBI inmediatamente después del impacto) podrían ayudar a determinar qué fue realmente lo que impactó el Pentágono (37-38).

22. Omisión de la alusión del secretario de Defensa D. Rumsfeld a «un misil[ utilizado] para golpear [el Pentágono]» (39).

23. Aprobación aparente de la respuesta, totalmente insatisfactoria, a la pregunta tendiente a saber por qué los agentes del Servicio Secreto permitieron que el presidente Bush permaneciera en la escuela de Sarasota cuando, según la versión oficial, deberían haber pensado que un avión secuestrado podía tener esa misma escuela como blanco (41-44).

24. Fracaso en explicar por qué el Servicio Secreto no pidió una escolta de aviones de caza para [el avión presidencial] Air Force One (43-46).

25. Afirmaciones según las cuales en el momento en que el cortejo presidencial llegó a la escuela [de Sarasota], ninguno de los asistentes sabía que varios aviones habían sido secuestrados (47-48).

26. Omisión del informe según el cual el secretario de Justicia John Ashcroft había recibido una advertencia para que dejara de viajar en líneas aéreas comerciales antes del 11 de septiembre (50).

27. Omisión de la afirmación de David Schippers de que, basándose en informaciones provenientes de agentes del FBI sobre posibles ataques en el sur de Manhattan, él había tratado infructuosamente de transmitir dicha información al secretario de Justicia John Ashcroft durante las 6 semanas anteriores al 11 de septiembre (51).

28. Omisión de toda mención sobre el hecho que agentes del FBI afirmaron tener conocimiento de los blancos y fechas de los ataques [terroristas] mucho antes de los hechos (51-52).

29. Afirmación, mediante una refutación circular que da la cuestión por resuelta, de que el desacostumbrado volumen de compras de acciones en baja antes del 11 de septiembre no implica que los compradores supieran de antemano que los ataques iban a producirse (52-57).

30. Omisión de los informes según los cuales el alcalde [de San Francisco] Willie Brown y ciertos responsables del Pentágono fueron advertidos de que no debían tomar el avión del 11 de septiembre (57).

31. Omisión del informe según el cual Osama ben Laden, que ya en aquel entonces era el criminal más buscado por Estados Unidos, fue atendido en julio de 2001 por un doctor estadounidense en el hospital estadounidense de Dubai y que recibió allí la visita de un agente local de la CIA (59).

32. Omisión de los artículos que sugieren que, después del 11 de septiembre, el ejército estadounidense permitió deliberadamente la fuga de Osama ben Laden (60).

33. Omisión de informes, entre ellos el que reportaba la visita del jefe de los servicios de inteligencia de Arabia Saudita a Osama ben Laden en el hospital de Dubai, que entran en contradicción con la versión oficial de que la familia de Ben Laden y su país han renegado de este (60-61).

34. Omisión del resumen de Gerald Posner sobre el testimonio de Abu Zubaydah, según el cual tres miembros de la familia real saudita (que murieron los tres misteriosamente con sólo 8 días de intervalo) estaban financiando a al-Qaeda y conocían de antemano la realización de los ataques del 11 de septiembre (61-65).

35. Desmentido de la Comisión sobre el descubrimiento de una prueba del financiamiento de los sauditas a al-Qaeda (65-68).

36. Desmentido de la Comisión sobre el descubrimiento de una prueba que demuestra que dinero perteneciente a la esposa del príncipe Bandar, la princesa Haifa, fue entregado a agentes de al-Qaeda (69-70).

37. Desmentido, que simplemente ignoró la diferencia existente entre vuelos privados y vuelos comerciales, sobre el hecho que el vuelo privado en el que varios sauditas viajaron el 13 de septiembre desde Tampa hasta Lexington violó los reglamentos sobre el espacio aéreo establecidos en aquella fecha (71-76).

38. Desmentido sobre la autorización extendida a varios sauditas para que salieran del territorio de Estados Unidos poco después del 11 de septiembre sin que esas personas fuesen sometidas a una investigación apropiada (76-82).

39. Omisión de la prueba que demuestra que el príncipe Bandar obtuvo una autorización especial de la Casa Blanca para los vuelos de los sauditas (82-86).

40. Omisión de la afirmación de Coleen Rowley según la cual responsables del Cuartel General del FBI habían visto el memo de Phoenix del agente Kenneth Williams (89-90).

41. Omisión del hecho que el agente del FBI en Chicago Robert Wright afirma que el Cuartel General del FBI cerró su investigación sobre una célula terrorista y trató posteriormente de intimidarlo para impedir que publicara un libro en el que relata sus experiencias (91).

42. Omisión de la prueba que demuestra que el Cuartel General del FBI saboteó el intento de Coleen Rowley y de otros agentes [del FBI] de Minneapolis de obtener una orden de búsqueda para conseguir la computadora de Zacarias Moussaoui (91-94).

43. Omisión de las tres horas y media de testimonio que prestó ante la Comisión la ex traductora del FBI Sibel Edmonds que, según una carta que ella misma hizo pública y que dirigió al presidente [de la Comisión] Kean, revelaba serias disimulaciones por parte de responsables del FBI en relación con el 11 de septiembre y dentro del propio Cuartel General del FBI (94-101).

44. Omisión del hecho que el general Mahmud Ahmad, jefe del ISI [los Servicios de Inteligencia pakistaníes], se encontraba en Washington una semana antes del 11 de septiembre y que se reunió allí con el director de la CIA, George Tenet, así como con otros altos responsables estadounidenses (103-04).

45. Omisión de la prueba que demuestra que Ahmad, el jefe del ISI [los Servicios de Inteligencia pakistaníes] ordenó el envío de 100 000 dólares a Mohamed Atta antes del 11 de septiembre (104-07).

46. Afirmación de la Comisión de que no encontró prueba alguna de que algún gobierno extranjero, incluyendo al de Pakistán, haya financiado a agentes de al-Qaeda (106).

47. Omisión del informe según el cual la administración Bush presionó a Pakistán para que Ahmad fuese destituido de su cargo de jefe del ISI después de la divulgación de la información que revelaba que este había ordenado el envío de dinero del ISI a Mohamed Atta (107-09).

48. Omisión de la prueba que el ISI (y no sólo al-Qaeda) se encontraba detrás del asesinato de Ahmad Shah Massud (el comandante de la Alianza del Norte en Afganistán) que se produjo precisamente después de un encuentro que duró una semana entre responsables de la CIA y del ISI (110-112).

49. Omisión de la prueba que demuestra que el ISI está implicado en el secuestro y posterior asesinato de Daniel Pearl, periodista del Wall Street Journal (113).

50. Omisión del informe de Gerald Posner según el cual Abu Zubaydah afirmó que un oficial militar pakistaní, Mushaf Ali Mir, que mantenía estrechos vínculos con el ISI y con al-Qaeda sabía de antemano de los ataques del 11 de septiembre (114).

51. Omisión de la predicción que hizo, en 1999, Rajaa Gulum Abbas, agente del ISI, de que las Torres Gemelas «se derrumbarían» (114).

52. Omisión del hecho que el presidente Bush y otros miembros de su administración se refirieron repetidamente a los ataques del 11 de septiembre como «oportunidades» (116-17).

53. Omisión del hecho que el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano («The Project for the New American Century»), muchos de cuyos miembros se convirtieron en figuras claves de la administración Bush, publicó en el año 2000 un documento que decía que un «nuevo Pearl Harbour» ayudaría a conseguir fondos para una rápida transformación tecnológica del aparato militar estadounidense (117-18).

54. Omisión del hecho que Donald Rumsfeld, quien fue presidente de la comisión del US Space Command y había recomendado aumentar el presupuesto destinado a este, se valió de los ataques del 11 de septiembre, en la tarde de ese mismo día, para garantizar esos fondos (119-22).

55. No se mencionó que las tres personas responsables del fracaso de los esfuerzos por prevenir los ataques del 11 de septiembre (el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, el general Richard Myers y el general Ralph Eberhart) eran también los tres principales promotores del US Space Command (122).

56. Omisión del hecho que Unocal había declarado que los talibanes no podían garantizar la seguridad adecuada para emprender la construcción de sus pipelines (para petróleo y gas) a partir de la cuenca del Caspio y a través de Afganistán y Pakistán (122-25).

57. Omisión del informe según el cual representantes de Estados Unidos dijeron durante un encuentro, en julio de 2001, que ya que los talibanes rechazaban su proposición de construir un oleoducto, una guerra contra ellos comenzaría en octubre (125-26).

58. Omisión del hecho que en su libro, publicado en 1997, Zbigniew Brzezinski escribía ya que para que Estados Unidos pueda mantener su predominio global es necesario que ese país controle el Asia central, con sus vastos recursos petrolíferos, y que un nuevo Pearl Harbour sería útil para obtener el apoyo de la opinión pública estadounidense a esos designios imperiales (127-28).

59. Omisión del hecho que miembros claves de la administración Bush, entre ellos Donald Rumsfeld y su delegado Paul Wolfowitz, se esforzaron durante muchos años por desatar una nueva guerra contra Irak (129-33).

60. Omisión de los apuntes de las conversaciones de Donald Rumsfeld correspondientes al 11 de septiembre que demuestran que este estaba decidido a utilizar los ataques como pretexto para desatar una guerra contra Irak (131-32).

61. Omisión de la declaración que aparece en el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, según la cual «la necesidad de una fuerte presencia estadounidense en el Golfo va más allá del tema del régimen de Sadam Husein» (133-34).

62. Afirmación según la cual el protocolo de la FAA (Federal Aviation Agency) sobre lo sucedido el 11 de septiembre requería un largo proceso de aplicación que tenía que pasar por varias etapas de la cadena de mando cuando el propio Informe Oficial [de la Comisión] cita pruebas de lo contrario (158).

63. Afirmación según la cual en aquellos días sólo dos bases de la fuerza aérea estadounidense del sector noreste del NORAD (North American Aerospace Defense Command o Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte) mantenían cazas en alerta y, en particular, que no había aviones de combate en alerta en las bases de McGuire y de Andrews (159-162).

64. Omisión del hecho que la base Andrews de la fuerza aérea estadounidense tenía varios aviones de caza en alerta permanente (162-64).

65. Aceptación de la doble afirmación según la cual el coronel Marr, del NEADS (North East Air Defense Sector), tenía que comunicarse telefónicamente con un superior para que este lo autorizara a enviar aviones de caza desde [la base] de Otis y que necesitó 8 minutos para realizar esa llamada (165-66).

66. Aprobación de la afirmación según la cual la pérdida de la señal del transpondedor de un avión hace prácticamente imposible la localización de la nave por los radares militares estadounidenses (166-67).

67. Afirmación según la cual la intercepción de Stewart Payne no demostró que el tiempo de respuesta del NORAD en el caso del vuelo AA11 fue extraordinariamente lento (167-69).

68. Afirmación según la cual los cazas de la base de Otis se mantuvieron en tierra durante 7 minutos después de haber recibido la orden de despegue porque no sabían adónde volar (174-75).

69. Afirmación según la cual las fuerzas armadas estadounidenses no sabían del desvío del vuelo UA175 hasta las 9h30, momento exacto en que este vuelo se estrelló contra la torre sur del WTC (181-82).

70. Omisión de toda explicación sobre (a) la razón por la cual un informe anterior del NORAD, según el cual la FAA notificó a los militares el desvío del vuelo UA175 a las 8h43, se considera ahora como falso y (b) cómo fue que ese informe, si era falso, pudo ser publicado y se mantuvo como válido durante cerca de 3 años (182).

71. Afirmación según la cual la FAA no estableció la teleconferencia sino a partir de las 9h20 de aquella mañana (183).

72. Omisión del hecho que un memo de Laura Brown, de la FAA, afirma que la teleconferencia se estableció sobre las 8h50 y que trató precisamente sobre el desvío del vuelo UA175 (183-84, 186).

73. Afirmación según la cual la teleconferencia del NMCC, (Centro de Mando Militar o National Military Command Center) no comenzó antes de las 9h29 (186-88).

74. Omisión, en la afirmación de la Comisión de que el vuelo AA77 no se desvió de su trayectoria antes de las 8h45, del hecho que la hora mencionada en informes anteriores fue las 8h46 (189-90).

75. Fracaso en mencionar que el anuncio de la caída de un jet en Kentucky, poco después del momento en que el vuelo AA77 desapareciera del radar de la FAA, fue tomada lo bastante en serio por los responsables de la FAA y de la unidad antiterrorista del FBI como para que estos la enviaran a la Casa Blanca (190).

76. Afirmación según la cual el vuelo AA77 voló durante cerca de 40 minutos por el espacio aéreo estadounidense en dirección a Washington sin ser detectado por los radares militares (191-92).

77. Fracaso en explicar, si el anterior informe del NORAD según el cual se le informó a este –a las 9h24– que la trayectoria del vuelo AA77 era «incorrecta», cómo fue que ese informe erróneo pudo salir a la luz, o sea que se trata de saber si los responsables del NORAD mintieron o si fueron «embaucados» durante cerca de tres años (192-93).

78. Afirmación según la cual los aviones de combate de Langley, que según dijera primeramente el NORAD fueron enviados a interceptar el vuelo AA77, fueron realmente desplegados como respuesta a un informe erróneo de un controlador (no identificado) de la FAA de las 9h21 de que el vuelo AA11 se encontraba aún en vuelo y que se dirigía hacia Washington (193-99).

79. Afirmación según la cual los militares no fueron contactados por la FAA sobre el probable secuestro del vuelo AA77 antes del impacto contra al Pentágono (204-12).

80. Afirmación de que Jane Garvey no se sumó a la videoconferencia de Richard Clarke hasta las 9h40, o sea después del impacto contra el Pentágono (210).

81. Afirmación de que ninguna de las teleconferencias logró coordinar la FAA y las respuestas de los militares a los secuestros porque «ninguna [de las mismas] incluía a los responsables adecuados en el seno de la FAA y del Departamento de Defensa », aunque Richard Clarke dice que su propia videoconferencia incluía a la directora de la FAA Jane Garvey, al secretario de Defensa Donald Rumsfeld y al general Richards Myers, jefe interino de las Fuerzas Armadas (211).

82. Afirmación de la Comisión según la cual esta no sabía qué miembros del Departamento de Defensa participaron en la videoconferencia con Richard Clarke cuando el propio Clarke afirma en su libro que se trataba de Donald Rumsfeld y del general Myers (211-212).

83. Aprobación de la afirmación del general Myers de que él se encontraba en el Capitolio durante los ataques sin mencionar el informe contradictorio de Richard Clarke, según el cual Myers estaba en el Pentágono y participó en la videoconferencia con Clarke (213-17).

84. Fracaso al mencionar la contradicción entre el testimonio de Clarke sobre los movimientos de Rumsfeld de aquella mañana y las declaraciones del propio Rumsfeld (217-19).

85. Omisión del testimonio del secretario de Transporte Norman Mineta ante la propia Comisión, testimonio según el cual el vicepresidente Cheney y las demás [personas presentes] en el refugio subterráneo habían sido advertidas a las 9h26 de que un avión se acercaba al Pentágono (220).

86. Afirmación según la cual los responsables del Pentágono no sabían que un avión se estuviera acercando a ellos antes de las 9h32, las 9h34 o las 9h36, o sea sólo minutos antes que el edificio fuera impactado (223).

87. Aceptación de dos versiones que se contradicen entre sí sobre el aparato que impactó el Pentágono: una que describe la ejecución de una espiral de 330 grados hacia abajo (un «picado a gran velocidad») y otra en la que no se menciona esa maniobra (222-23).

88. Afirmación según la cual los cazas provenientes de Langley, que supuestamente recibieron la orden de despegar rápidamente para proteger Washington del «vuelo fantasma AA11» no estaban en lo absoluto cerca de Washington porque fueron enviados hacia el océano por error (223-24).

89. Omisión de todas las pruebas que sugieren que lo que impactó el Pentágono no fue el vuelo AA77 (224-25).

90. Afirmación según la cual la FAA no informó a los militares sobre el desvío del vuelo UA93 antes de que este se estrellara (227-29, 232, 253).

91. Doble afirmación de que el NMCC no monitoreó la conferencia iniciada por la FAA y no pudo por consiguiente conectar a la FAA con la teleconferencia iniciada por el NMCC (230-31).

92. Omisión del hecho que el Servicio Secreto dispone de medios que le permiten tener conocimiento de todo lo que hace la FAA (233).

93. Omisión de toda investigación sobre las razones que llevaron al NMCC a comenzar su propia teleconferencia si, como dijo Laura Brown –de la FAA–, eso no forma parte del protocolo standard (234).

94. Omisión de toda investigación sobre por qué el general Montague Winfield no solamente fue reemplazado por un «bisoño» (a rookie), el capitán Leidig, como director de operaciones del NMCC sino que abandonó además el mando cuando estaba claro que el Pentágono se encontraba ante una crisis sin precedente (235-36).

95. Afirmación según la cual la FAA notificó (de forma errónea) al Servicio Secreto, entre las 10h10 y las 10h15, que el vuelo UA93 se encontraba todavía en vuelo y se dirigía hacia Washington (237).

96. Afirmación según la cual el vicepresidente Cheney no dio la autorización para disparar hasta las 10h10 (varios minutos después de la caída del vuelo UA93) y que esa autorización no fue transmitida a la fuerza aérea hasta las 10h31 (237-41).

97. Omisión de todas las pruebas que indican que el vuelo UA93 fue derribado por un avión militar (238-39, 252-53).

98. Afirmación según la cual [el zar del contraterrorismo] Richard Clarke no recibió el pedido de autorización de fuego hasta las 10h25 (240).

99. Omisión del testimonio del propio Clarke, que sugiere que este recibió el pedido de autorización de fuego hacia las 9h50 (240).

100. Afirmación según la cual Cheney no bajó al refugio subterráneo del PEOC [o CPOU (siglas correspondientes a Centro Presidencial de Operaciones de Urgencia]) hasta las 9h58 (241-44).

101. Omisión de los múltiples testimonios, entre ellos los de Norman Mineta [secretario de Transporte] ante la propia Comisión, testimonios según los cuales el [vicepresidente] Cheney se encontraba en el CPOU antes de las 9h20 (241-44).

102. Afirmación según la cual la autorización para derribar un avión civil tenía que ser otorgada por el presidente (245).

103. Omisión de informes según los cuales el coronel Marr ordenó derribar el vuelo UA93 y el general Winfield indicó que él mismo y otros [oficiales] esperaban en el NMCC que un caza alcanzara el vuelo UA93 (252).

104. Omisión de informes que indican que había dos aviones de caza en el aire a varios kilómetros de New York y tres a sólo 320 kilómetros de Washington (251).

105. Omisión del hecho que había por lo menos 6 bases militares con cazas en estado de alerta en la región noreste de Estados Unidos (257-58).

106. Aprobación de la afirmación del general Myers de que el NORAD había definido su misión solamente en términos de defensa contra amenazas dirigidas [hacia Estados Unidos] desde el extranjero (258-62).

107. Aprobación de la afirmación del general Myers de que el NORAD no había previsto la posibilidad de que un grupo de terroristas pudiera utilizar aviones de pasajeros secuestrados como misiles (262-63).

108. Fracaso en poner en perspectiva la significación del hecho, presentado en el propio Informe, o en mencionar otros hechos que prueban que el NORAD sí había efectivamente previsto la amenaza que podía representar la posible utilización de aviones de pasajeros secuestrados como misiles (264-67).

109. Fracaso en explorar la implicaciones de la cuestión de saber cómo pudieron influir la maniobras militares («war games») programadas para aquel día en el fracaso de los militares en los intentos por interceptar los aviones de pasajeros secuestrados (268-69).

110. Fracaso en discutir la posibilidad que el desarrollo de la Operación Northwoods haya favorecido los ataques del 11 de septiembre (269-71).

111. Afirmación (presentada para explicar por qué los militares no recibieron la información sobre los aviones secuestrados con tiempo suficiente para lograr interceptarlos) según la cual el personal de la FAA falló inexplicablemente unas 16 veces en la aplicación de los procedimientos normales (155-56, 157, 179, 180, 181, 190, 191, 193, 194, 200, 202-03, 227, 237, 272-75).

112. Fracaso en mencionar que la proclamada independencia de la Comisión se vio fatalmente comprometida por el hecho que su director ejecutivo, Philip Zelikow, era prácticamente miembro de la administración Bush (7-9, 11-12, 282-84). (ndt: era colaborador cercano de Condoleeza Rice)

113. Fracaso en mencionar que la Casa Blanca trató primeramente de impedir la creación de la Comisión [Oficial de Investigación sobre los Ataques Terroristas del 11 de Septiembre] y que obstaculizó después el trabajo de esta, como lo hizo al asignarle un presupuesto extremadamente restringido (283-85). (ndt: Presupuesto estimado en 15 millones de dólares cuando el film de ficción «Vuelo 93» de Paul Greengrass costó 18 millones y «World Trade Centre» de Oliver Stone costó CUATRO VECES MÁS, o sea 60 millones de dólares. En lo tocante al primer punto, la creación de la Comisión no se produjo hasta después de 441 días de los ataques y el presidente Bush propuso que fuera presidida por Henry Kissinger… para luego retractarse ante las violentas críticas de la opinión pública contra esa proposición.)

114. Fracaso en mencionar que el presidente de la Comisión, la mayoría de los demás miembros de la Comisión, y por lo menos la mitad del personal de la misma tenía serios conflictos de intereses (285-90, 292-95).

115. Fracaso de la Comisión, la cual se vanagloriaba de que la presentación de su informe final había tenido lugar «sin disensión», en mencionar que esto fue posible únicamente porque Max Cleland, el miembro de la Comisión más crítico en cuanto a la actuación de la Casa Blanca –juró incluso «que no sería cómplice de un tratamiento parcializado de las informaciones»–, tuvo que renunciar a su puesto dentro de la Comisión para poder aceptar un cargo en el Banco Export-Import y que la Casa Blanca dio a conocer su nominación para ese cargo únicamente después que las críticas emitidas por Cleland se hicieron especialmente directas (290-291).

Terminaré precisando que concluí mi estudio del texto que he dado en llamar «el informe Kean-Zelikow» escribiendo lo siguiente: Finalmente, el Informe de la Comisión Investigadora sobre el 11 de septiembre, lejos de evacuar mis dudas en cuanto a una complicidad oficial, no hizo más que confirmarlas. ¿Qué podría llevar a los responsables encargados de la redacción de ese informe final a montar una superchería de tanta envergadura si no el intento de enmascarar enormes crímenes? (291).

(Extraído de www.voltairenet.org)

martes, 26 de agosto de 2008

El diario ruso Pravda pide penas de muerte para el gobierno USA por el 11-S

El pasado 22 de agosto el diario Pravda publicó en una columna de opinión un artículo en el que el norteamericano Gregory F. Fegel acusa al gobierno de los Estados Unidos de estar, entre otros, detrás de los atentados del 11-M, del 7-J, y por supuesto, del 11-S. Asimismo, dice que la destitución no sería suficiente y pide la pena de muerte para todos los altos mandos implicados.

La destitución no es suficiente
22.08.2008 - Pravda.Ru
Original en inglés

En español (extraído de trinityatierra.wordpress.com)

Hay Indicios de que todos los funcionarios del Gobierno de los USA y sus aliados planearon y llevaron acabo los ataques del 11/S

Pruebas irrefutables muestran que los más altos funcionarios de la Administración Bush en conspiración con muchos otros funcionarios del Pentágono, la CIA, el FBI, el FEMA, NSA, el NORAD, funcionarios de la ciudad de Nueva York, controladores de tráfico aéreo, ejecutivos de líneas aéreas, expertos de demolición controlada, técnicos de gráfica por ordenador, ejecutivos de los medios de comunicación y otros juntos planearon y cometieron los horribles ataques del 9/11/2001 contra el Pentágono y las Torres Gemelas del Centro World Trade en la ciudad de Nueva York. Los ataques del 9/11 se cargaron a la cuenta de unos supuestos “secuestradores árabes”, media docena de personas que, según se ha confirmado, siguen vivas y por lo tanto son inocentes de estos crímenes.

Los ataques bajo la falsa bandera del 9/11 proveyeron de una excusa para la “Guerra contra el Terrorismo” llevada a cabo por el Gobierno de los USA, cuyo propósito principal fue ganar el control para los Estados Unidos de los lucrativos campos de petróleo de Oriente Medio. Un segundo propósito fue elevar los impuestos a los ciudadanos de los Estados Unidos para aumentar gastos de defensa en apoyo del enorme complejo militar/industrial de USA y un tercer propósito fue establecer una justificación de la puesta en marca de medidas de un estado policial dentro de los Estados Unidos bajo el paraguas políticamente ambiguo de la ”Seguridad Nacional”. Cuando los derechos de libertad de expresión y reunión sean recortados a los ciudadanos de los USA, el gobierno de los Estados Unidos será capaz de establecer su agenda de dominación mundial sin la distracción doméstica de opiniones disidentes, protestas o manifestaciones.

El Pentágono, la CIA y FBI y otras agencias y funcionarios del gobierno de USA han perpetrado muchos crímenes, y las bombas falsas y ataques contra los ciudadanos de los USA y los intereses USA durante los pasados cinco años, además de los asesinatos políticos de John Fitzgerald Kennedy, Robert Fitzgerald Kennedy, y Martin Luther King, la bomba de una discoteca de Berlin en 1988, la bomba del World Trade Center en 1993, la bomba de la ciudad de Oklahoma en 1995, los ataques de cartas con ántrax de octubre en 2001.


El Gobierno de los Estados Unidos y sus aliados tambien son los responsables de las bombas del 2002 y 2005 en Bali, las bombas del tren en Madrid en el 2004, las bombas del 7/7/2005 en Londres y las recientes bombas de Ahmedabad, Jaipur, Bangalore, y de la embajada india en Kabul durante el verano de 2008.

Desde la Segunda Guerra Mundial, ideólogos fanáticos de extrema derecha con conexiones corporativas han ganado gradualmente el control absoluto de las agencias militares de USA, de la inteligencia, el gobierno y los medios de comunicación de masas de USA. El fascismo en USA no es solamente una amenaza real en manos de la administración republicana de G. W. Bush; es una situación completamente establecida desde hace décadas. El fascismo en USA es un tema resulto realmente.

El largo descenso de USA hacia el fascismo no puede ser frenado o eliminado simplemente colocando a un miembro del partido demócrata en la Presidencia o votando a una mayoría demócrata en el Congreso. La infiltración y el control del gobierno de los USA por parte de extremistas de extrema derecha está mucho más avanzada y completa. Ellos manipulan a nuestros funcionarios elegidos como a marionetas y una buena parte de nuestros funcionarios elegidos son parte del establisment fascista. La toma de extrema derecha del gobierno de los USA ha sido un golpe fascista gradual y muy exitoso que no se revertirá sin una lucha a muerte muy seria. Dada la historia de violencia indiscriminada y extrema mostrada por la elite en el poder de los USA, parece bastante obvio que restaurar la democracia de los USA requeriría inevitablemente una Revolución armada violenta en la que los americanos se opongan contra las fuerzas del gobierno de los USA y sus militares.

Como ciudadano de USA y ser humano, personalmente considero que el asesinato de personas inocentes en países extranjeros por parte de la CIA, los militares estadounidense y sus marionetas en apoyo de intereses económicos de las corporaciones multinacionales con sede en USA son totalmente inmorales e intolerables y considero mi solemne deber oponerme a la agresión de USA y al imperialismo de cualquier forma que conozca. El Gobierno de USA y la propaganda de los medios de comunicación promueven un clima en el que las acciones y actividades de las tropas de los Estados Unidos son vistos más allá de cualquier reproche, pero no hay nada de noble ni de heroico en la agresión militar sin causa previa y el genocidio contra la población extranjera inocente y vulnerable.

George W. Bush, George H. Bush, Jeb, Neil, and Marvin Bush, Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Condaleezza Rice, Karl Rove, Wolfowitz, Perle, Powell, Armitage, Ashcroft, Abrams, Adelman, Feith, Bolton, Libby, Kissinger, Mueller, Tenet, Goss, Giuliani, Hayden, Chertoff, Baker y muchos otros cientos de indiviuos que trabajan para la Casa Blanca, la CIA, el FBI, el FEMA, el Pentágono, la NSA, el NORAD, la industria de aviación y los medios de comunicación de USA juntos planearon y ejecutaron los ataques del 9/11.

Todos ellos y sus cómplices tienen que ser juzgados por traición y asesinato en masa, y la pena de muerte sería el justo y necesario castigo por haber cometido dichos crímenes.

Necesitamos un juicio al estilo de Nuremberg por Traición y Asesinato en Masa de todos los miembros del gobierno, los militares de USA, las agencias de inteligencia de USA y sus cómplices civiles en la industria de la aviación y los medios de comunicación que participaron en los crímenes asesinos del 9/11. La pena de muerte debería ser aplicada a todos los líderes y sus cómplices, incluso si esto significa ejecutar a cientos o incluso a miles de personas, porque los crímenes de esta magnitud contra los americanos y la República de Estados Unidos no pueden saldarse sin castigo y el castigo debe ser extremo para enviar el mensaje de que los americanos no tolerarán la Traición, ni ahora ni en el futuro. Si se permite que quede sin castigo y en libertad, estos individuos representarán una enorme amenaza para la seguridad y protección de todos los americanos. Si son juzgados de los atroces crímenes del 9/11, la pena de muerte es la única forma de asegurar que ellos y sus aliados no conseguirán atacar América ni a los americanos de nuevo. Las ejecuciones deberían producirse en público y ser televisadas internacionalmente para que el mundo entero sea testigo.

Soy consciente de que existen razones de peso para oponerse a la pena de muerte en muchas situaciones. Sin embargo, también me parece bastante claro que cualquier muestra de clemencia que pudiera mostrarse a los perpetradores de los ataques del 9/11 del gobierno de los Estados Unidos dejaría abierta la posibilidad de que sus simpatizantes pudieran impedir el establecimiento de una democracia en América volcando su violencia hacia los americanos amantes de la paz. Esa es la razón por la que defiendo la pena capital sin consideración alguna de piedad ni clemencia para los asesinos del gobierno de USA que cometieron los ataques del 9/11 y a sus aliados.

Nadie dentro ni fuera del gobierno de USA debería quedar exento de un proceso penal y de la aplicación de la pena capital por los ataques traicioneros del 9/11. A los que planificaron y participaron en los ataques del 9/11 dentro del gobierno de USA y sus cómplices no se les debe permitir protegerse detrás de la cómoda excusa de la “Seguridad Nacional”. La auténtica seguridad y la supervivencia de nuestra república dependen enteramente de esto.

Autor: Gregory F. Fegel

Traducción: Trinity a Tierra