domingo, 19 de octubre de 2008

Las previsiones «inimaginables» de la Rand Corporation

22/2/2005

Los analistas norteamericanos interpretaron los hechos del 11-S como una revolución en materia de terrorismo. Durante las audiencias del subcomité del Senado estadounidense sobre las amenazas emergentes, Brian Michael Jenkins, el experto en terrorismo de la Rand Corporation, puso en tela de juicio su propia doctrina.

En un célebre artículo publicado en el año 1975, Jenkins afirmaba que el terrorismo no buscaba matar sino demostrar. Su conclusión era entonces que si existe la posibilidad de una escalada en el terrorismo esta no se expresa en términos de medios utilizados o de la importancia de los daños ocasionados sino únicamente en términos de visibilidad.

En resumen, el terrorismo sería, ante todo, una guerra-espectáculo. A la inversa, Jenkins piensa actualmente que Osama ben Laden elevó el terrorismo a la categoría de las armas no convencionales y lo incluyó en las estrategias clásicas de intensidad gradual. De los ataques contra blancos únicos, Osama ben Laden pasó a las acciones coordinadas contra blancos múltiples (al atacar las embajadas norteamericanas en Nairobi y Dar-es-Salaam, el 7 de agosto de 1998) y también venció una etapa suplementaria con cuatro desvíos de aviones simultáneos y sus destrucciones suicidas que provocaron miles de víctimas.


Para Bruce Hoffman, vicepresidente de la Rand Corporation, quien prestó declaración durante las audiencias del subcomité de la Cámara de Representantes para el Terrorismo y la Seguridad Interna, la envergadura de los sucesos del 11 de septiembre hace perder todo sentido a la noción de respuesta proporcionada. Para responder a los atentados de Nairobi y Dar-es-Salaam (252 muertos, entre ellos 12 estadounidenses, y 5 000 heridos), el ejército de Estados Unidos disparó un centenar de mísiles de crucero contra los campamentos de Osama ben Laden en Afganistán y destruyó una fábrica sospechosa de elaborar armas químicas en Sudán. Esta vez, ante un acto de guerra desmesurado, la única respuesta podía ser una guerra.

Con un presupuesto anual de 160 millones de dólares, la Rand Corporation es el más importante centro de investigaciones en materia de estrategia y organización militar a nivel mundial.

Ella es la prestigiosa expresión del lobby militaro-industrial norteamericano. Bajo la presidencia de James Thomson, cuenta entre sus administradores a Ann McLaughin Korologos (ex-presidenta del Instituto Aspen) y Franck Carlucci (presidente del Carlyle Group). Condoleezza Rice y Donald Rumsfeld fueron también sus administradores, mientras lo permitieron sus funciones oficiales.

En sus diversas intervenciones posteriores al 11 de septiembre, los expertos de la Rand Institution no dejan nunca de reclamar nuevas estructuras, nuevos presupuestos y nuevos medios de combate contra el terrorismo. Se esfuerzan también por denunciar la mortífera locura de Osama ben Laden y subrayar que es imposible para los servicios secretos prever un crimen masivo de tan grandes proporciones.

Los supuestos análisis de la Rand Corporation son en realidad la reformulación de las teorías que ella misma defiende desde hace doce años y que trata de imponer cada vez que se presenta la ocasión. Según ella, la seudo revolución del terrorismo es un concepto infundado que permite extender la «doctrina Powell» a la lucha contra el terrorismo. Cuando Bush padre dirigió la guerra del Golfo, el general Colin Powell, quien era en esa entonces el jefe del Estado Mayor Conjunto de los ejércitos estadounidenses, abandonó la doctrina de una respuesta de ataque gradual -la cual había fracasado en Vietnam- y la reemplazó por la de la destrucción instantánea. Powell había resumido su estrategia de la siguiente manera: «Vamos a darles con todo desde el principio y a hacerlos pedazos».

En una conferencia publicada en marzo 2001, por la US Air Force Academy (o sea seis meses antes de los atentados de New York), Bruce Hoffman exponía los mismos análisis que hoy sobre la supuesta «revolución del terrorismo» (solo falta en ellos el pretexto del 11 de septiembre). Más sorprendente aún, él se refirió precisamente a la «inimaginable» situación del 11 de septiembre. Dirigiéndose a un auditorio de oficiales superiores de la US Air Force, indicaba que «tratamos de preparar nuestras armas contra al-Qaeda, la organización -o quizás, el movimiento- asociado a ben Laden [...] Piensen por un momento lo que fue el atentado dinamitero contra el WTC en 1993.

...Ahora, dense cuenta que es posible derribar la torre norte sobre la torre sur y matar 60,000 personas [...] Ellos encontrarán otras armas, otras tácticas y otros medios para alcanzar sus blancos. Tienen una variedad evidente de armas, como los drones [o sea, aviones guiados por control remoto utilizados para el espionaje]».

Cuando justifica la revolución del terrorismo mediante referencias sucesivas, Bruce Hoffman se comporta como un propagandista, no como un universitario. ¿Al anticipar los acontecimientos del 11 de septiembre, Hoffman demuestra que posee las capacidades de analista visionario-medium o tales propósitos lo traicionan más bien, haciendo pensar una posible participación suya en la planificación de tales acciones?

(Extraído de www.voltairenet.org)