lunes, 17 de mayo de 2010

Terrorismo en Nueva York y guerra en Pakistán


Carlos Sardiña
Periodismo Humano
16/5/2010

El atentado frustrado del pasado 1 de mayo en la neoyorkina Times Square ha vuelto a llevar el espectro del terrorismo a la gran urbe estadounidense, ha sido objeto de numerosas conjeturas y ha ocupado la primera plana de los medios de comunicación de casi todo el mundo. El espacio que los medios han dedicado al suceso ha sido enorme, sobre todo si se tiene en cuenta que el atentado no llegó a producirse, aunque ha servido para recordar a la población que existe una amenaza terrorista.

El presunto terrorista Faisal Shahzad, un pakistaní que obtuvo el año pasado la nacionalidad estadounidense, fue detenido dos días después del intento de atentado, cuando intentaba salir del país con rumbo a Dubai. Las autoridades estadounidenses afirman que confesó casi inmediatamente la autoría del atentado frustrado y que mantenía vínculos con una organización talibán pakistaní.

La detención de Shahzad no ha estado exenta de polémica. Los agentes del FBI que le detuvieron le interrogaron durante varias horas antes de leerle sus derechos, acogiéndose a una excepción que permite a los agentes hacer preguntas a un detenido si existe una situación de emergencia para la seguridad pública. La administración Obama está fomentando el uso de esta excepción en los casos de terrorismo para aplacar a los republicanos, que piden que se trate a los terroristas como “combatientes enemigos” sin derechos.

Supuestos vínculos con los talibán

El tabloide New York Post ha afirmado que, según algunas fuentes, Shahzad trató de vengarse por los ataques estadounidenses con aviones no tripulados en el noroeste de Pakistán, ataques que habría presenciado durante los meses que supuestamente estuvo en un campo de entrenamiento talibán en la provincia de Waziristán.

La organización Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP) hizo público recientemente un video en el que uno de sus líderes asumía la responsabilidad de un atentado que se iba a cometer en Estados Unidos y afirmaba que había sido una venganza por los ataques estadounidenses contra yihadistas en Pakistán y otros países.

Cada vez se están pregonando más los supuestos vínculos de Shahzad con los talibán pakistaníes, hasta el punto de que altos funcionarios de la administración Obama, como el fiscal general Eric Holder, han declarado que los investigadores han encontrado “pruebas que muestran que los talibán pakistaníes están detrás del atentado”.

John O. Brennan, el principal asesor de Obama en materia de lucha antiterrorista, ha afirmado que la ineptitud de Shahzad demuestra claramente “la eficacia de la actual estrategia antiterrorista” del gobierno estadounidense, al haber limitado su capacidad hasta el punto de que sólo pueden intentar atentados tan poco sofisticados como el de Times Square. De ser ciertas estas acusaciones, ésta sería la primera vez que los talibán (una organización regional) habrían intentado organizar un atentado fuera de Afganistán o Pakistán, y sería consecuencia precisamente de “la actual estrategia antiterrorista” de Estados Unidos: el año pasado el líder talibán Hakimullah Mehsud juró venganza contra Pakistán, Estados Unidos y los países de la OTAN por los ataques con drones en Pakistán.

Sin embargo, los agentes pakistaníes que se ocupan de la investigación han declarado que no han hallado ninguna prueba que demuestre que existen vínculos entre Sahzad y los talibán. No son los únicos escépticos. La semana pasada, seis funcionarios estadounidenses dijeron que no hay ninguna prueba de que terroristas pakistaníes entrenaran a Sahzad y el mismísimo general David Petraeus, comandante en jefe del Mando Central de las Fuerzas Armadas estadounidenses, declaró estar convencido de que Sahzad había actuado en solitario.

Todos ellos coinciden en afirmar que, dejando aparte la ausencia de pruebas, Sahzad carecía del entrenamiento que se llega a adquirir en un campamento talibán y que habría sido extremadamente difícil que le hubieran aceptado en uno de ellos. De hecho, un portavoz de los talibán pakistaníes ha negado que su organización esté involucrada en la tentativa de atentado y que Sahzad pertenezca a ella.

La guerra contra el terrorismo en Pakistán

Estados Unidos está utilizando esos “vínculos” para presionar a Pakistán a fin de que emprenda una nueva ofensiva militar en la región de Waziristán contra los talibán que supuestamente entrenaron a Sahzad. Durante una entrevista, Hillary Clinton advirtió el pasado domingo de que, en el caso de que se produjera un atentado en Estados Unidos y se descubrieran vínculos con Pakistán, el país se enfrentaría a “consecuencias muy serias”. De momento, el gobierno y las fuerzas armadas pakistaníes han anunciado que no tienen intención de ceder a las presiones estadounidenses.

Como señalaba ayer el periodista Jeremy Scahill, actualmente hay dos guerras aéreas en las regiones del noroeste de Pakistán: la de los bombardeos de los aviones no tripulados de la CIA y la que están librando las fuerzas armadas pakistaníes contra los grupos talibán de la región a instancias de Estados Unidos, que además lleva años proporcionando armamento al ejército pakistaní. Estados Unidos vendió a Pakistán mil bombas guiadas por láser el pasado mes de marzo y está entrenando a pilotos pakistaníes para pilotar los cazas F-16 que le va a entregar a partir de junio. A principios de abril, la fuerza aérea pakistaní mató a más de setenta civiles en un bombardeo en un pueblo del noroeste.

Según el veterano periodista británico Patrick Cockburn, es probable que durante el último año hayan muerto más personas en la “guerra oculta” de Pakistán contra los talibán del noroeste del país que en Afganistán o Iraq. Se trata de una guerra sobre la que existe muy poca información y que apenas aparece en los medios de comunicación, ya que los periodistas no pueden acceder a la zona, pero que el año pasado provocó más de tres millones de refugiados. La táctica del ejército pakistaní consiste en ordenar a la población civil que abandone un distrito determinado para después bombardearlo indiscriminadamente, asumiendo que todos los que se hayan quedado son partidarios de los talibán.

No sólo el ejército pakistaní mata indiscriminadamente en la región del noroeste de Pakistán. Desde Obama que accedió al poder, el gobierno estadounidense ha optado sistemáticamente por asesinar a los presuntos terroristas que ha logrado localizar en lugar de detenerlos, lo que le ahorra problemas legales y hace que disminuya considerablemente el riesgo de bajas estadounidenses. El último ejemplo es un ataque con un avión no tripulado en Waziristán en el que murieron catorce personas.

El periódico Los Angeles Times ha revelado recientemente que en 2008 el presidente George W. Bush concedió permiso a la CIA para matar a sospechosos de los que ni siquiera se conoce el nombre. Conforme a esa autorización, que sigue vigente con la administración Obama, los objetivos de los drones ya no figuran en una lista aprobada previamente, sino que se deciden tras observar el comportamiento de los sospechosos a través de las cámaras de vigilancia de los aviones, incluso si se dispone de poca información sobre su identidad.

Probablemente nunca sepamos a ciencia cierta qué impulsó a Faisal Sahzahd a tratar de hacer estallar una bomba en Times Square, ni si los ataques con drones tuvieron algo que ver, pero es evidente que la guerra contra el terrorismo que inició Bush tras el 11-S y que ha continuado Obama no está haciendo más que fomentar, al emplear el terrorismo de Estado a gran escala, lo que supuestamente está tratando de combatir.

(Extraído de elgranjuego.periodismohumano.com)