sábado, 24 de mayo de 2008

19 secuestradores árabes bajo la dirección de Mohammed Atta

¿Cómo se explica que unos servicios secretos que no se enteraron de nada antes del 11-S, en apenas 48 horas supieran exactamente quienes eran los secuestradores?

Los servicios secretos afirman que los encontraron a partir de las listas de pasajeros. Pero, entonces, ¿cómo es posible que las listas de pasajeros publicadas por The Guardian del Reino Unido el 13 de setiembre, aunque incompletas, no contengan ni un solo nombre árabe? ¿Ni que tampoco aparezca ninguno de los 19 nombres en la mayoría de páginas web -incluida la de la CNN- que dan listas de pasajeros?

Puesto que tenía que haber habido una previa decisión política superior y central de no reivindicar los atentados, y puesto que disponían de numerosos medios económicos y técnicos, ¿no parece más lógico que hubiesen utilizado pasaportes falsos vírgenes a fin de evitar ser identificados y así ahorrar cantidad de problemas no sólo a muchas personas familiares y amigas sino a su (supuesta) propia organización, a sus dirigentes y a todo el Islam?

¿Cómo puede explicarse que personas preparadas técnica y psicológicamente para ejecutar lo que se les atribuye, según la propia versión oficial...
... actuasen con sus identidades verdaderas, con las que también fueron a aprender a conducir avionetas, alquilaron coches, se registraron en hoteles, etc.?
... se empeñasen en dejar huellas por todas partes (conversaciones a gritos y un ejemplar del Corán en un bar, pagar con tarjetas de crédito,...) durante los días anteriores?
... quisiesen alquiler coches para ir a los aeropuertos y dejarse dentro ejemplares del Corán y vídeos de instrucciones de vuelo, en lugar de simplemente tomar taxis?
... fuesen tres de ellos la noche anterior a tomar alcohol a un centro de striptease, montasen un escándalo, amenazasen con que al día siguiente verían América ensangrentada, pagasen con tarjeta de crédito, dejasen fotocopia de un carnet de conducir y una tarjeta de negocio, y, para colmo, se olvidasen un Corán que habían llevado a tan edificante lugar para efectuar tan ortodoxas actividades justo una horas antes de su martirio?

¿Cómo cuadra que el supuesto cerebro gris de los atentados y jefe de los comandos, que nos dicen fue Mohammed Atta y que lo preparó todo desde Alemania, fuese juerguista, mal conductor de avioneta (en un centro de adiestramiento incluso se negaron a darle el título) y tan “terrible terrorista clandestino” que se haya podido reconstruir sus diez días de estancia en España siguiendo las huellas dejadas al pagar con su tarjeta de crédito?

¿Cómo es posible que varios -por lo menos cuatro- de los 19 hayan dado, directamente o a través de familiares, y al parecer incluso en las sedes diplomáticas norteamericanas en Túnez y El Cairo, señales -algunas tan claras como en programas de la televisión saudí- de que están vivos? ¿Y que uno de ellos estuviese muerto dos años antes?

¿Puede dejarse circular como supuesta prueba que el pasaporte de uno de los acusados, (inicialmente se dijo que era el de Mohammed Atta), apareciese casi intacto a poca distancia de las humeantes ruinas de las Torres Gemelas? ¿No resulta también sorprendente que una bolsa de viaje, casualmente perteneciente al mismo Atta, quedase olvidada en una cinta de transporte de equipaje y por casualidad contuviese su testamento y un manual de instrucciones para los supuestos terroristas del 11-S? ¿No es otra casualidad casi increíble que entre los restos del 93-UA en Pennsylvania hubiese restos chamuscados de dicho manual? ¿Y no supera cualquier cálculo de probabilidades que, además, entre estos mismos restos apareciese el teléfono móvil de Ziad Jarrah, el supuesto piloto, y que encima fuese más resistente que las cajas negras, pues funcionaba?

¿Qué significa que uno de los textos atribuidos a estos fanáticos musulmanes empiece con un “En nombre de Alá, mío y de mi familia”, fórmula que jamás sería utilizada por un conocedor del Islam?

¿Cuáles son las pruebas de la culpabilidad de los supuestos 19 terroristas árabes que supuestamente estaban en los cuatro aviones, los secuestraron y los condujeron hasta estrellarlos? ¿Por qué nadie pide estas pruebas?

¿Y si no hubiese habido secuestradores? Al parecer, existen dos técnicas, una desde hace más de dos décadas llamada “AUTOLAND” (AUTOmatic LANDing) y otra más moderna, denominada Global Hawk, que permiten, desde el exterior, hacerse con el control de los mandos de un avión y dirigirlo perfectamente incluso hasta hacerlo aterrizar con gran precisión y seguridad. Sería como una especie de aeromodelismo a gran escala. Esta posibilidad aún hace más importante la información contenida en las cajas negras...

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Documental 911 Press for Truth (Subtítulos en español)

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