domingo, 22 de marzo de 2009

Exilio neocon



Los halcones que empujaron hacia la guerra regresan a sus think-tank de Washington para actualizar su doctrina


Pere Rusiñol/Isabel Piquer
21/03/2009


De la décima planta de una mole fría e impersonal en una de las calles más influyentes de Washington, la 17, salió buena parte de la materia gris que diseñó las guerras de George W. Bush. De aquí, de la American Enterprise Institute (AEI), proceden muchos neocon, cuyas ideas abrasaron el mundo: invasión preventiva, imposición por la fuerza del libre mercado y la democracia liberal, refuerzo de la hegemonía estadounidense asegurando manu militari el acceso a las fuentes de energía, subordinación de los derechos civiles a la guerra contra el terrorismo... Ahora han regresado a casa, una vez desalojados del poder: escriben libros, defienden su legado, actualizan su doctrina. Y preparan el contraataque.

Pero ni siquiera la AEI es ya lo que era. Su pérdida de influencia en Washington en plena obamanía tiene repercusiones drásticas: la crisis económica y de donaciones ha impuesto un recorte de gastos en la entidad, que despedirá a 30 de sus 160 trabajadores. Y el Project for the New American Century (PNAC) su otro gran referente no tiene actividad desde finales de 2006.

"Algunos de mis compañeros saben que ahora lo tienen difícil y que la opinión pública les vincula a la presidencia de George W. Bush, muy impopular", explica Karlyn Bowman, la experta en encuestas de la institución.

Muy cerca está el despacho al que acude cada mañana Paul Wolfowitz, que fue mano derecha de Donald Rumsfeld en el Pentágono. Y el de John Bolton, el hombre de Bush en la ONU. Y el de Richard Perle, otra de las piezas clave que más empujó para invadir Irak.

La mayoría de los neocon ha plasmado en libros su experiencia en el Gobierno de George W. Bush y algunos se exponen en la entrada de la AEI: Making war to keep peace (Hacer la guerra para mantener la paz), de Jeane J. Kirpatrick, ya fallecida; Surrender is not an option (Rendirse no es una opción), de John Bolton; An end to evil (Un final para el Mal), de Richard Perle...

Pero ni siquiera en los centros de estudio reconvertidos en cuarteles de invierno encuentran los neocon la complicidad de antaño. El Heritage Institute, sancta sanctorum del conservadurismo en Washington, hace como si la experiencia neocon no fuera con ellos: "Nunca hubo muchos neocon aquí", recalca su vicepresidente Michael Frank, en la señorial sede de la Avenida Massachusetts de la capital.

"Una gran red"

El Hudson Institute, al que ha regresado Douglas Feith después de que las protestas estudiantiles lograran que la Universidad de Georgetown no renovara el contrato de este ex alto cargo del Pentágono, también tira balones fuera. "De su visión [de los neocon] no ha sobrevivido demasiado", opina Ioannis Saratsis, coordinador de Comunicación del centro, que añade: "Eso sí, mantienen una gran red entre ellos y están convencidos de que el tiempo les dará la razón. Ahora están concentrados en actualizar su doctrina".

Pese a su caída, al grupo no le faltan faltan plataformas mediáticas para opinar. El semanario The Weekly Standard sigue en pie de guerra y su director, William Kristol, escribe sus diatribas también en The Washington Post tras pelearse con The New York Times, que sin embargo cobija ahora a Max Boot, Kimberly Kagan y otros colegas militantes de la misma causa.


Apenas ha habido autocrítica en el grupo, que ha vuelto a sacar pecho ante la relativa calma de Irak. Además de la crítica a Obama, les une una máxima: la filosofía era la correcta y la amenaza terrorista no dejaba elección; si hubo fallos fue en la gestión del día después.

Una buena decisión

"La guerra fue una buena decisión porque el mundo es mucho más seguro ahora", explica a Público John Bolton, que en sus recientes tribunas de prensa particularmente en The New York Post exige a Barack Obama y a Occidente mayor firmeza contra Irán. Y más solidaridad con Israel.

El debate entre estos académicos que intentaron rediseñar el mundo es cómo pueden plantar cara al "peligro" Obama. Y, sobre todo, cómo logran separarse del impopular George W. Bush, algo imprescindible para que la versión Neocon 2.0 sea viable. "En su segundo mandato, Bush fue muy mal aconsejado", lamenta Bolton.

Algunas ONG presionan para que se procese a los más destacados neocon por avalar la tortura o causar miles de muertes en Irak pero nadie en Washington lo considera siquiera una posibilidad. Ellos ni contestan y prosiguen su debate intelectual, más placentero que nunca: la universidad de verano del grupo de Kristol y The Weekly Standard será este año en un crucero en el Mediterráneo, del 7 al 17 de agosto, con invitados como el halcón Elliott Abrams ex consejero de Seguridad de Bush y parada en una de las ciudades que más gritó contra la guerra: Barcelona.

(Extraído de www.publico.es)

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Lectura recomendada:

El Gobierno Invisible. Think-tank: Los hilos que manejan el
mundo, de Bruno Cardeñosa